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Columnas de opinión

•Publicadas los días sábado en el diario guatemalteco elPeriódico, escritas por Anamaría Cofiño y Rosalinda Hernández Alarcón. 

 


Índice 2011


Noviembre

Luchas en el territorio de los símbolos Anamaría Cofiño K
Seguridad solo corresponde al Estado Rosalinda Hernández Alarcón
Otras opciones Anamaría Cofiño K

Octubre

Hay que insistir Rosalinda Hernández Alarcón
Avances en las alianzas de mujeres rurales
Rosalinda Hernández Alarcón
Apoyar a la cultura Anamaría Cofiño K.

Septiembre

Protestas contra la bolsa en Wall Street Rosalinda Hernández Alarcón
A favor del estado de palestina Anamaría  Cofiño K
Quede quien quede Anamaría Cofiño K
Reflexiones al fin del periodo electoral Rosalinda Hernández Alarcón

Agosto

Voto simbólico Anamaría Cofiño Kepfer
Hasta cuándo se verá la problemática agraria Rosalinda Hernández Alarcón
Dictaduras Tropicales Anamaría Cofiño Kepfer
Qué se puede esperar de quien miente Rosalinda Hernández Alarcón

Julio

Acabar con la impunidad reclamo general Rosalinda Hernández Alarcón
Familia, religión, estado Anamaría Cofiño Kepfer
Cuidado con la opción militarista Rosalinda Hernández Alarcón
Otra fiesta democrática Anamaría Cofiño Kepfer

Junio

Que lo saquen Anamaría Cofiño Kepfer
Perseverancia que tiene resultados Rosalinda Hernández Alarcón
Polochic: sigue corriendo sangre Rosalinda Hernández Alarcón
¿Por qué los mataron? Anamaría Cofiño Kepfer

Mayo

Es tiempo de cambiar las reglas Rosalinda Hernández Alarcón
Sexo y política Anamaría Cofiño
Sin paridad hay discriminación Rosalinda Hernández Alarcón
Los deseos de nuestro cuerpo Anamaría Cofiño

Abril

Los deseos de nuestro cuerpo Anamaría Cofiño
Por nuevas relaciones políticas Rosalinda Hernández Alarcón
El pasado en el presente Anamaría Cofiño
Hay que hablar más del Polochic Rosalinda Hernández Alarcón

Marzo

Rogelia, Nora, Alaíde, Yolanda, Haydeé, Myrna, Adelina, Irma, Aura Marina...  Anamaría Cofiño
Sangre en el Polochic
Rosalinda Hernández Alarcón
Por la defensa del agua y el territorio
Anamaría Cofiño
Una contribución a la ciudadana plena
Rosalinda Hernández Alarcón

Febrero

Significado de un estado de sitio en Guatemala Rosalinda Hernández Alarcón
800 mil veces no
Anamaría Cofiño
Aumento salarial y trabajo femenino
Rosalinda Hernández Alarcón
Desarrollo que mata
Anamaría Cofiño

Enero

Las ruquitas Anamaría Cofiño
Diálogos de sordos
Rosalinda Hernández Alarcón

Columnas

Luchas en el territorio de los símbolos


Anamaría Cofiño K.  

(19 de noviembre 2011)


El conocimiento, la memoria y la verdad son campos de poder que hoy están en disputa.

El uso de símbolos para representar ideas es tan antiguo como la humanidad. La psicología recurre a los símbolos para interpretar los conflictos de la psique; la antropología los analiza para comprender a las culturas. La publicidad abusa de ellos para manipular los sentimientos de la población y alentar el consumo, muchas veces con mensajes ocultos que se nos instalan en la mente sin saberlo o peor aún, contra nuestra voluntad.

En la reciente campaña electoral los símbolos que los partidos eligieron como representación gráfica de sus ideologías se imprimieron en cuanto lugar de paso hubiera para grabarlos en el imaginario social. Manos en diferentes posiciones fueron las opciones más fuertes entre las cuales la ciudadanía tuvo que elegir.

Llama la atención que el partido patriota se haya apropiado del puño alzado, gesto que diversos movimientos de liberación han utilizado en sus luchas contra los sistemas opresivos en muchas partes del planeta. El puño combativo ha sido un llamado a derrocar a los sistemas opresores. En muchas protestas populares se escucha las voces coreando “ese puño sí se ve” en referencia a la presencia de organizaciones que proponen transformaciones sociales y económicas. Los grupos contra el racismo y la discriminación siguen utilizándolo y los indignados e inconformes que luchan contra las políticas neoliberales lo replican de nuevo.

En Guatemala, grupos cercanos a los militares que dirigieron la guerra contrainsurgente han emprendido campañas que buscan imponer su versión de la historia, su ideología violenta e inclusive una estética que represente sus intereses y vocación. Además de la mano dura, utilizaron canciones que simpatizantes de izquierda compusieron para llamar a incorporarse a sus filas. Este 13 de noviembre -fecha conmemorativa del alzamiento de jóvenes militares contra el derrocamiento de Jacobo Árbenz, evento que nombró a un grupo guerrillero- hicieron una demostración que tenía como objetivo desmentir el genocidio que cometieron contra el pueblo, bajo la bandera de un anticomunismo fascista que sigue oponiéndose a las transformaciones estructurales que saquen al país del atraso y la injusticia.

Es evidente que estamos en medio de batallas en el campo simbólico. Lo que resalta aquí es que los chafas no cuentan con ideas propias, y por ello están robándose propuestas progresistas, re-significándolas a conveniencia. El colmo es que en el programa de un exgeneral kaibil agente de la represión, ahora aparezca la Buena Vida como opción de desarrollo, a la par de advertencias veladas hacia quienes defienden los territorios de la explotación de los bienes naturales. Inclusive, organizarse en células, como lo hizo en sus tiempos el partido comunista, es muestra de su debilidad conceptual. No es casual que recurran al secuestro de símbolos democráticos quienes han practicado la desaparición, la tortura y el asesinato como armas para la dominación.

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Seguridad sólo corresponde al Estado


Rosalinda Hernández Alarcón

(12 de noviembre 2011)

“Me robaron mi reloj mientras esperaba en mi carro que el semáforo marcara el siga”. “Me asaltaron en la calle, tuve que entregar mi bolsa cuando me mostraron un cuchillo”. “Yo no salgo en las noches porque es muy peligroso, recientemente violaron a mi hermana”. “Las amenazas de secuestro y extorsión son cosa de todos los días”. Estos comentarios más de alguna oportunidad los hemos escuchado. No sin razón, en el imaginario social resalta como principal la demanda de seguridad. Es tan potente la exigencia que incluso desdibuja otras problemáticas sociales como la desnutrición y el hambre o la prestación de servicios públicos de mala calidad.

Ante el panorama de inseguridad, la situación de temor y la incapacidad para detener la delincuencia y el crimen organizado, hay voces que pregonan una consigna que resulta de mayor peligro, y ésta se refiere a asegurar que es una responsabilidad también de la sociedad civil garantizar la seguridad pública. Tal argumentación es la que respalda la formación de comités de seguridad o fuerzas de tarea integrados por personas ajenas a instancias estatales.

La inseguridad que se vive en este país no puede servir de argumento para justificar que las ciudadanas y ciudadanos deben asumir su propia seguridad. Las personas con poder económico lo están haciendo, no siempre con éxito, y han aportado grandes ganancias a empresas privadas en lugar de pagar más impuestos. Otras avalan la proliferación de armas o los comités de seguridad ciudadanos, sin pensar las repercusiones que ello implica cuando incurren en abusos de diferente índole. Existen ejemplos que demuestran cómo patrulleros civiles, bajo el pretexto de dar seguridad a sus comunidades, asesinaron a quienes consideraban enemigos y violaron a mujeres con el pretexto de demostrar poderío. Actualmente se conocen de las arbitrariedades cometidas por un comité en Panajachel, Sololá, y he escuchado voces de alarma por la actuación de comités de seguridad ciudadana en municipios de San Marcos y Huehuetenango, donde ni la policía oficial entra.

El ente legítimo para garantizar la seguridad es el Estado, cuyos cuerpos, a través de la persuasión o la fuerza, son los únicos responsables de desactivar a la delincuencia y el crimen organizado, los cuales están obligados a respetar los derechos humanos. Y esa potestad ha sido delegada por la ciudadanía que les paga, mediante la aportación de impuestos, de ahí que le corresponde exigir que cumpla su cometido de cuidarla.

Aceptar como irremediable la corresponsabilidad en la seguridad ciudadana es una aberración. La desesperación no puede servir de aval para formar fuerzas de tarea integradas por sociedad civil y Estado. Hay muchos prepotentes armados deseosos de formar parte de poderes paralelos, por ello es importante rechazar los grupos de seguridad ajenos a la institucionalidad del Estado.

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Otras opciones


Anamaría Cofiño K.

(5 de noviembre 2011)

Anoche una amiga inteligente y opinada me llamó avestruz cuando le dije que no voy a votar. Le tuve que explicar que considero que mi voto por el menos chafa no sería digno ni consciente. Además, porque creo que marcar una boleta en estas condiciones fortalece al sucio sistema que se ha impuesto como sucedáneo de una democracia real. Mi decisión es seguir señalando los defectos del sistema y apoyar otros intentos de transformación, por vías distintas.

Me refiero al establecimiento de vínculos con organizaciones y personas que están dispuestas a relacionarse con el mundo de manera más responsable, creativa y coherente. Es decir, con quienes ya asumieron que la naturaleza no es un recurso que hay que dominar y explotar; con quienes han descubierto el racismo que nos atravieza y están procurando quitárselo de encima; con quienes respetan las diferentes culturas y formas de vida.

Para ejercer la democracia hay mecanismos políticos más directos, como son las asambleas y consultas populares, que abren la oportunidad a las comunidades para opinar abiertamente sobre problemas que les afectan. Igualmente, la confluencia de organizaciones sociales en acciones comunes puede provocar más efectos que la inversión millonaria en campañas absurdas y vacías.

Este domingo quedará formalmente electo el hombre que ocupará  el cargo más alto en la jerarquía del Estado, junto con la mujer que hará el papel de suplente y le apoyará en el gabinete. Entre la mano dura que golpea y la pena de muerte, la violencia es la que gana.

Ya nos estamos imaginando cómo será el próximo gobierno y el rumbo que tomarán las políticas en materia de seguridad, salud, educación, etcétera. Si el equipo que respalda a Otto Pérez resulta triunfante, es probable que echen para atrás los pequeños avances que se han dado, al menos en materia de derechos humanos. Esto se puede concluir a partir de la estrategia que están implementando los sectores más retardatarios al poner a la fiscal Claudia Paz y Paz en la mira, para quitarla del camino, por ser una funcionara eficaz que ha fortalecido el trabajo del Ministerio Público en la persecusión penal.

De su lado Baldizón con un discurso populista, no es alternativa, puesto que ha demostrado que puede pactar con dios y con el diablo, sin escrúpulos, así como parece que lo ha hecho con sus financistas y promotores. Si bien es cierto que su asenso ha sido vertiginoso, no es porque su propuesta sea la que el país requiere, sino la que hace más bulla. Da grima pensar en qué tipo de gobierno haría y que intenciones de enriqueciemiento propio pondría a trabajar.

Así  las cosas, mi opción política es la de una ciudadana que se niega a agachar la cabeza y callarse frente a las injusticias que la impunidad ha perpetuado, y quien está dispuesta a construir una Guatemala en la que se pueda vivir bien y en paz.

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Hay que insistir

Rosalinda Hernández Alarcón

(29 de octubre 2011)

Nunca es tarde para exigir justicia

Cuando la violencia generada por las fuerzas del Estado adquiere tan terribles dimensiones, la dignificación de las víctimas del conflicto armado en Guatemala es una acción  que sin duda contribuye al anhelo de justicia. Por más complicado que sea el camino para romper la impunidad que persiste por las ejecuciones extrajudiciales, cometidas por los aparatos de seguridad, es una tarea válida que requiere gran perseverancia, la cual adquiere mayor vigencia al conocer de la sentencia de cadena perpetua aplicada a los genocidas argentinos.

En términos paradójicos, mientras los crímenes cometidos como parte de los programas de terrorismo de Estado fueron perpetrados sin más trámite que una orden, lograr una sentencia obliga seguir procesos judiciales que enfrentan un sinnúmero de tropiezos y los prolongan por años, y cuando hay avances para enjuiciar a los presuntos culpables, ocurre que ya fallecieron o apelan por clemencia bajo el pretexto de la senectud. En Guatemala, personas sobrevivientes del genocidio continúan haciendo esfuerzos para lograr justicia, pero los generales que están detenidos en el centro médico militar, intentan seguir retrasando los juicios por “quebrantos de salud”.

El acto realizado hoy para dignificar a dos humanistas comprometidos con la justicia, Edna Ibarra de Figueroa y Carlos Alberto Figueroa Castro, asesinados por el llamado ejército secreto anticomunista hace 31 años, es una acción relevante, ya que el Estado de Guatemala reconoció su responsabilidad en la muerte violenta de dos personas de bien. Hecho ocurrido como parte de un programa gubernamental de carácter selectivo que desaparecía o masacraba a quienes consideraba enemigos. Es además oportuno por su carácter simbólico que nos llama a no olvidar los hechos ocurridos en Guatemala que continúan sin castigo. La familia Figueroa Ibarra sufrió una infamia que no se olvida y reclama justicia.

La carta de perdón, suscrita por el presidente guatemalteco, que recibieron su hija Lucy e hijos es una acción bien merecida, porque ellos no sólo sufrieron la pérdida de sus progenitores sino las secuelas de la persecución y el exilio forzado. Quiero resaltar lo que uno de ellos anotó al agradecer tal reconocimiento: solo habrá un verdadero perdón cuando en este país se deje de criminalizar a las y los luchadores sociales, cuando mujeres y hombres campesinos dejen de ser arrasados por el gran capital, cuando se deje de contaminar y destruir la naturaleza por fines de lucro, cuando se respete las demandas sociales que rechazan la minería o las grandes hidroeléctricas...

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Avances en las alianzas de mujeres rurales

Rosalinda Hernández Alarcón

(15 de octubre 2011)

Medio centenar de lideresas evalúan 10 años de su historia

“Vemos que los avances políticos son grandes pasos que hemos dado… salimos más fortalecidas con nuestras reflexiones… ahora tenemos que definir por cuáles demandas vamos a luchar juntas”, así lo expresaron participantes al IV Encuentro Nacional de Articulación de Organizaciones de Mujeres Rurales y Lideresas de Agrupaciones Mixtas, realizado en esta capital.

Cuando intercambiaron opiniones acerca de sus demandas, la mayoría ratificó: acceso a la tierra, “antes hablamos de patrimonio familiar o copropiedad, ahora decimos por el derecho de las mujeres a la tierra… como una propiedad directa para nosotras”, además la entienden como la recuperación histórica de un derecho que les corresponde y siempre les han negado. Por el derecho a una vida sin violencia y el ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos, fueron otras.

Al analizar sus avances políticos señalaron que aunque viven en regiones diferentes de Guatemala, enfrentan las mismas opresiones: la desigualdad y discriminación por ser mujeres, indígenas y pobres. Se identificaron como mujeres distintas en edad, idioma, etnia, tienen o no hijas e hijos, comparten vida en pareja o no, tienes años de experiencia política o recientemente inician su participación, trabajan la tierra, son artesanas y realizan múltiples actividades. Ellas valoran todos los trabajos que realizan (reproductivo, comunitario y productivo) y exigen su reconocimiento. “Estamos conscientes que somos diferentes, pero nos unen muchas experiencias... hemos descubierto las cosas buenas que hemos compartido y podemos seguir compartiendo”.

Cabe resaltar lo que hablaron al referirse a su autonomía, como proceso para ser libres para hablar, opinar y decidir. Para ellas, es especialmente complicado a partir de la violencia que existe en sus hogares, donde trabajan o cuando viajan, “cómo dejar de pedir permiso… cómo dejar de sentir culpa…”. Indicaron que la difícil situación económica también afecta su autonomía.

Este encuentro y el Festival por las Mujeres Rurales, que tendrá lugar este día 15 en la mañana en la Plaza de la Constitución, forman parte de acciones conjuntas. Ellas seguirán con sus encuentros regionales, compartiendo y evaluando sus experiencias de lucha. Lamentaron que muchas de las delegadas convocadas no asistieran por los derrumbes, pero no es la primera vez que enfrentan ese tipo de dificultades, de ahí que su optimismo sigue a pesar de la problemática tan compleja que viven en sus comunidades y las barreras para lograr su “liberación”, entre ellas: la iglesia que pregona la sumisión de las mujeres, los medios de comunicación que las invisibiliza, las leyes que no las protegen, las instituciones que sólo las ven como personas vulnerables y no como lideresas con capacidad de propuesta para gestionar proyectos, para incidir en el funcionamiento de los consejos de desarrollo y las oficinas municipales de la mujer, etcétera.

Este movimiento contra la codicia, la corrupción y los recortes presupuestarios para gastos sociales sirven para llamar la atención pública y ratifican la validez de la propuesta, sobre todo ahora que las empresas mediáticas sólo hablan de inseguridad, abogan por el armamentismo y defienden las medidas militares.

Acabar con la impunidad de los banqueros corruptos siempre fue bien visto por mi mamita, quien hoy descansa en paz y de manera constante manifestó su rechazo a los malos gobiernos estadounidenses, entre ellos, los Bush, Clinton y Obama. Aprovecho la oportunidad para agradecer las múltiples muestras de apoyo y cariño recibidas en Guatemala ante su partida.

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Apoyar a la cultura

Anamaría Cofiño K.

(8 de octubre)

Octubre, mes de la Revolución

Entre las obligaciones del Estado está apoyar a la cultura, entendida como el conjunto de expresiones que contribuyen a ampliar las capacidades creativas del ser humano. En este sentido, el Estado debe asignar recursos para artistas, intelectuales y promotores, para proyectos de divulgación, escuelas, obras e infraestructura adecuadas.

El proceso revolucionario que inició con el derrocamiento de Ubico en 1944 marcó a varias generaciones que gozaron la publicación masiva de libros, el acceso al conocimiento universal, la posibilidad de formarse en la pintura, la danza, la música, el teatro. Todo eso fue destruido bajo la bota militar. A los chafas la cultura les ha parecido subversiva y por tanto, han censurado a quienes cuestionan las enseñanzas divinas. La política que se practicó a partir de la invasión del 54, ha hecho todo lo posible por imponer una cultura de violencia.

Como resultado de luchar por más de treinta años contra las dictaduras, se abrieron espacios de libertad que hoy la juventud disfruta, sin saber de dónde provienen. Esos fueron de los pocos logros obtenidos, ya que las demandas de transformaciones económicas siguen sin resolverse. Se podría decir que es un éxito simbólico, pero ha significado muchísimo en la conciencia colectiva. En buena medida, les debemos a los miles de desaparecidos y asesinados la posibilidad de hablar y decir, el disfrute del derecho a saber, a pensar, a salir. También somos tributarias de quienes han trabajado para promover la curiosidad, la crítica, la autonomía, el humor. Las libertades (expresión, locomoción, organización, etc.) de que gozamos son una construcción en ciernes que está en crecimiento, pero también bajo amenaza y riesgo.

Ante la posibilidad de que el próximo gobierno eche para atrás nuestras libertades y destruya lo que con tanto esfuerzo se ha ganado, es necesario valorar lo que tenemos y defenderlo como vital. No hay que olvidar que durante los regimenes militares se quemaron libros, se persiguió y asesinó a artistas y a la gente pensante, desde la estrechez del anticomunismo, ideología de la violencia que se representa con símbolos como la mano dura y la pena de muerte.

Por ello, cada ejemplar del Diario de Centroamérica y su Revista de los viernes los atesoro, pensando que pueden ser los últimos de una temporada en la que dicho periódico adquirió niveles de calidad dignos de reconocimiento. Nombrar en la dirección de la Tipografía Nacional a Ana María Rodas fue uno de los pocos aciertos de este gobierno. Gracias a ello, hoy disfrutamos la lectura de libros de autoras y autores nacionales fundamentales, y artículos de Ignacio Ramonet y Leonardo Boff, analistas críticos con ideas progresistas de transformación social. Los rumores electrónicos respecto al futuro mencionan a posibles directores de estas instituciones que nos remiten al pensamiento único, conservador y teológico. Sería una pérdida que el DCA se convirtiera en un catecismo neoliberal.

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Protestas contra la bolsa en Wall Street

Rosalinda Hernández Alarcón

(31 de septiembre de 2011)

Cárcel a especuladores financieros que existen en todo el mundo.

El movimiento contra el sistema financiero que inició en la ciudad de Nueva York desde el 17 de septiembre ha tenido escasa difusión, y de eso se han encargado los monopolios mediáticos, en tanto es relevante que la ciudadanía exprese su rechazo a los banqueros y empresarios que continúan acaparando riquezas. Gracias a los medios alternativos, es posible conocer algunas informaciones relacionadas a estas protestas que -para sorpresa y admiración de muchos- tienen lugar en la “gran manzana”.

Estas manifestaciones se vienen realizando en la ahora llamada Plaza Libertad, a un par de cuadras del complejo financiero, donde las fuerzas policíacas no han tardado en reprimir con fuerza desmedida a quienes participan en los plantones. A pesar de esa mano dura, personas de todas edades se siguen sumando a este movimiento, recientemente lo hizo el Sindicato de Trabajadores del Transporte de Nueva York.

A decir de los grupos convocantes al denominado movimiento “Ocupa Wall Street”, recuperan las experiencias de protesta pacífica que han tenido lugar en varios países árabes y los indignados españoles. Y su rechazo principal es porque en Estados Unidos a quienes acumulan mayores riquezas son quienes están exentos del pago de impuestos.

Noam Chomsky, un conocido académico estadounidense quien siempre ha avalado la consigna de otro mundo es posible, al dar a conocer su apoyo a las protestas, calificó de valientes y honorables a quienes participan en este movimiento contra los “gánsters” de la plaza financiera que han causado severos daños al pueblo de Estados Unidos.

Lo importante de estas acciones ciudadanas es que están cuestionando el sistema neoliberal que continúa generan crisis de manera cíclica y cuyas consecuencias recaen en quienes viven de su trabajo, mientras que los especuladores financieros reciben prebendas económicas de los Estados y gozan de impunidad. Así los ladrones de cuello blanco en lugar de ser sentenciados por sus actos de corrupción, los gobiernos serviles los salvan trasladándoles dineros públicos como ha ocurrido en varios países.

Este movimiento contra la codicia, la corrupción y los recortes presupuestarios para gastos sociales sirven para llamar la atención pública y ratifican la validez de la propuesta, sobre todo ahora que las empresas mediáticas sólo hablan de inseguridad, abogan por el armamentismo y defienden las medidas militares.

Acabar con la impunidad de los banqueros corruptos siempre fue bien visto por mi mamita, quien hoy descansa en paz y de manera constante manifestó su rechazo a los malos gobiernos estadounidenses, entre ellos, los Bush, Clinton y Obama. Aprovecho la oportunidad para agradecer las múltiples muestras de apoyo y cariño recibidas en Guatemala ante su partida.

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A favor del estado de palestina

Anamaría  Cofiño K.

(17 de septiembre)

La obstaculización de Estados Unidos al reconocimiento de Palestina como Estado libre y soberano con plenos derechos es una muestra  extrema de intervencionismo. Esta posición es reflejo de su alianza incondicional con Israel en defensa de sus intereses económicos y políticos en el Medio Oriente, pero al mismo tiempo es una postura guerrerista que entorpece la paz en el mundo.

La lucha del pueblo palestino por habitar y gobernar sus territorios históricos es justa desde el punto de vista humanitario puesto que es un derecho que les ha sido arrebatado arbitrariamente, a un costo demasiado alto, pagado con vidas de mujeres, niños y hombres inocentes que han tenido que vivir en situación de guerra o han muerto bajo los ataques israelíes. La implantación forzosa de colonias judías en Gaza y Cisjordania es una ocupación militar, ni más ni menos. Los ataques armados a la población civil son la punta de un iceberg que tiene como base bloqueos comerciales, amenazas, robo de fuentes de agua, destrucción de plantaciones y muchos otros crímenes de lesa humanidad.

En todo el mundo surgen movimientos que demandan el reconocimiento de Palestina como Estado, y piden que se respeten las fronteras que existían antes de 1967. Las Mujeres de Negro, por ejemplo, exigen poner punto final a este enfrentamiento desigual y sangriento que ya ha cobrado demasiadas víctimas. Inclusive al interior de Israel existen críticos al gobierno y disidentes que demandan se reconozcan los derechos de sus vecinos palestinos.

La Autoridad Nacional Palestina ha planteado ante la Asamblea de Naciones Unidas a celebrarse la próxima semana, su reconocimiento como Estado integrante de dicho sistema, con el apoyo de 140 naciones, entre miembros de la Unión Europea, la Liga Árabe y varios países del continente Latinoamericano, incluidos Honduras, El Salvador y Nicaragua.

Es imperativo que Guatemala se sume a ellos, que asuma una postura democrática y humanitaria con un pueblo que no ha hecho sino luchar por su independencia. La solidaridad con el pueblo palestino debe patentizarse de forma clara y congruente, declarando nuestra adhesión a esta iniciativa que no implica amenaza alguna para el Estado de Israel, y que más bien es un acto de equidad. Alinearse con Estados Unidos es perder soberanía y constituye un acto de sumisión inaceptable.

El Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki Moon tiene en sus manos una brasa candente. El gobierno de Estados Unidos ha declarado que vetará esa decisión abrumadoramente mayoritaria para quedar bien con el bloque sionista norteamericano que financia las agresiones armadas de los llamados “colonos”. Del otro lado están innumerables organizaciones humanitarias de todo el mundo que han denunciado las atrocidades cometidas por el ejército de Israel, y que junto a un grupo creciente de ciudadanos de ese mismo país, piden atender la justa demanda de los palestinos para vivir en paz y liberarse de la opresión del estado militarista de Israel.

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Quede quien quede

Anamaría Cofiño K.

(10 de septiembre)

Esta es la hora en que mucha gente no sabe qué va a hacer mañana. Síntoma del desencanto ciudadano que prevalece por la manera en que funciona el sistema político, al servicio de los grupos de poder y anegado en la corrupción. Lo que más se escucha es que quienes van a votar, lo van a hacer en rechazo o por miedo, muy pocos están convencidos de alguna opción, si mucho, tienen algún interés personal. Predomina la sensación de que nada va a mejorar y que en todo caso, el crimen organizado es el que va a salir favorecido.

Muchas personas piensan ir a las urnas a anular el voto con insultos o consignas. Sería bueno ver lo que van a escribir, si eso fuera posible sabríamos qué opina la ciudadanía. Ojalá los observadores nos cuenten lo que decían las boletas.

Vistos y analizados los discursos y propuestas que se han hecho durante la campaña, lo más probable es que el próximo gobierno invierta más en armas y pertrechos de guerra que en educación y salud, con el pretexto de la inseguridad. Así, la perspectiva de una confrontación entre delincuentes de distintos bandos es un horizonte muy posible, que coloca a la población inerme entre dos fuegos.  Igualmente, la implementación de políticas económicas de corte neoliberal (privatizaciones, saqueo y venta de los bienes naturales y del patrimonio cultural, reducción de beneficios a las clases trabajadoras, imposición de medidas de choque) está a las puertas, con las consecuencias nefastas que ya hemos visto. Si sumamos la militarización de la sociedad que nos ofrecen, con el interés en un desarrollo excluyenete basado en la extracción de recursos, el resultado puede ser un territorio devastado y una población empobrecida y silenciada.

Votar con las manos atadas, como en este caso, no es elegir, sino participar en un procedimiento burocrático que es más un juego en el que los ganadores están cantados, gracias a que tienen más plata para comprar votantes. Siento un repudio visceral a este mercado de ofertas ridículas que no tienen ton ni son. Y por tanto, manifiesto públicamente mi rechazo y ejerzo mi derecho a protestar, declarándome abstencionista insumisa, en oposición abierta ante un sistema que margina a las mayorías, que nos falta el respeto con impunidad, y que está llevando el país a un abismo del que no será fácil salir.

Ante tales perspectivas, nos queda defender lo poco que se ha alcanzado con las luchas sociales y seguir exigiendo la ampliación de la democracia y la justicia, día a día. No permitir que nos impongan censuras de ningún tipo. Impedir que se retroceda en el ejercicio de nuestros derechos y libertades. Oponernos enérgicamente a quienes pretendan seguir enriqueciéndose a costa de la explotación, utilizando la violencia. Y continuar construyendo una propuesta común de transformación radical y profunda para una vida digna con bienestar. La revolución que lo haga posible está pendiente.

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Reflexiones al fin del periodo electoral

Rosalinda Hernández Alarcón

(3 de septiembre 2011)

A la puerta del día de las elecciones, vale considerar el nivel de desigualdad en la cobertura periodística y las ofertas para acabar con la violencia.

En una investigación de la Iniciativa Más mujeres, mejor política se demuestra el rezago que subsiste cuando se analizan las notas publicadas en los medios escritos: las guatemaltecas siguen estando excluidas, dado que sólo el 15 por ciento se refiere a la participación política de las mujeres. El monitoreo de 6 meses demostró que de ese porcentaje, sólo en ocho de cada cien notas ellas fueron identificadas como sujetas políticas; es decir, no las reconocen como portavoces para interpretar la realidad, de tal manera que las voces masculinas continúan siendo las preponderantemente “autorizadas”, además están casi invisiblizados los puntos de vista de las mujeres y las agendas políticas a favor de la población femenina.

Si bien es cierto que durante un proceso electoral, las voces de funcionarias estatales y políticas tendrían que ocupar importantes espacios en los medios de comunicación escrito, ello no tendría que traducirse en borrar de la escena a otras ciudadanas. En el análisis referido se estableció que de ese 15 por ciento que se refiere a la participación política de las mujeres, únicamente una de cada diez notas se dedicó a activistas sociales y académicas. Este sesgo también es excluyente, ya que el enfoque de la cobertura mediática convierte en requisito tener un cargo público o en un partido político para que se abran los espacios en los medios.

Aparte, quiero insistir que las consignas proselitistas dirigidas hacia el incremento del ejército, el aumento de fuerzas de tarea militar, la exigencia de la pena de muerte y todas aquellas que abogan por la mano dura están condenadas al fracaso, ya que si las llegaran a aplicar como ejes de su actuación pública la violencia iría en aumento. La guerra contra el crimen organizado en México lo está demostrando de manera evidente. Las fuerzas de seguridad por muy bien armadas y entrenadas que estén son incapaces de detener las mafias y las secuelas de su actuación.

En este orden de ideas recupero la opinión de Gaspar Garzón, quien fue entrevistado por mi colega Carmen Aristegui. El juez español expresó que combatir el crimen organizado con una guerra es algo perdido, ya que es una estrategia errónea la utilización del ejército para combatir todas las actividades que realiza el narcotráfico. Indicó que esa delincuencia tiene como objetivo hacer negocios, de tal manera que para acabarla –en lugar de guerra- se requiere liquidar los beneficios que le permiten esa elevada acumulación de dinero y poder a partir de las acciones ilícitas no armadas que realiza: lavado de dinero, transacciones bancarias ilegales e inescrupulosas, corrupción de funcionarios públicos y privados, impunidad en diferentes niveles. Todo ello se necesita aquí en muchos otros países.

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Voto simbólico

Anamaría Cofiño

(26 de agosto 2011)

Los medios promueven tres finalistas del Concurso para El Peor.

Ante un sistema que permite a partidos y personas con antecedentes de corrupción y crímenes competir por el poder, la creencia en la participación ha alcanzado su más bajo nivel. Miles de desencantados están pensando no ir a votar del todo o anular las boletas. Estos gestos son genuina expresión política de la ciudadanía que no tolera más mascaradas, maneras de oponerse a un sistema disfrazado de democracia.

Cualquiera sabe que los partidos no son organizaciones políticas, sino empresas que compiten por manejar el Estado para enriquecerse. Son agrupaciones carentes de salidas para un país cada vez más empobrecido, estructuras construidas a la carrera, en las que el compromiso se compra. Excepcionalmente, existen candidaturas populares que defienden la autonomía de sus territorios frente a las compañías explotadoras. Ideal sería que se posicionaran del lado de las mujeres, por la equidad y contra la violencia.

El predominio ideológico de derecha, con influencias neoliberales  y fuerte protagonismo militar o cercano a los grupos ilegales, está a la vista. Hay estilos, colores y mensajes fascistas que no se pierden.  

La indignación crece frente a candidaturas de delincuentes perpetuados en puestos que les garantizan inmunidad. O de gente probadamente incapaz para cumplir su cargo. La gente se pregunta de dónde viene tanto dinero para tirar a la basura en campañas insulsas y tontas. El descontento popular es medida de la farsa de una elección en la que no hay dónde escoger, porque todos proponen seguir militarizando la sociedad, vendiendo el país, y perpetuar la cultura de destrucción y muerte.

La izquierda unificada está en el margen, como siempre. Por varias razones: dirigencias caudillistas, organizaciones jerárquicas, falta de visión y estrategias, entre otras. En este contexto, votar por Rigoberta es un voto simbólico que no busca su triunfo, sino hacerse presente, mantener vivo el reclamo de las transformaciones pendientes. No es necesariamente un voto de apoyo a Winaq, ANN y URNG, sino a los principios que buscan la justicia social. Para las generaciones que lucharon por transformar la estructura económica de exclusiones y privilegios, es un voto de nostalgia. Hay quienes dicen que votar por una mujer indígena es pasarle la factura al racismo y las opresiones históricas.

Algunas feministas coincidimos en que abstenernos en esta ocasión -en la que los candidatos se han alineado con los mandatos retardatarios de la iglesia católica contra los derechos sexuales- es un acto de rechazo radical a posiciones conservadoras antidemocráticas. Nuestra voluntad es seguir construyendo con nuestras aliadas una propuesta de sociedad basada en el bienestar común. Reivindicamos el derecho de todas las personas a decidir sobre nuestros cuerpos y nuestros territorios. Confiamos en que en el futuro podamos apoyar una alternativa dispuesta a construir comunidades donde se respete la libertad, el disenso y las diferencias para convivir en armonía con la naturaleza.

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Hasta cuándo se verá la problemática agraria

Rosalinda Hernández Alarcón

(19 de agosto 2011) 

Pendiente el castigo a delincuentes que atacan familias campesinas y se apropian ilegalmente de tierras.

En otras coyunturas, después de la denuncia de algún ataque por parte de guaruras de finqueros contra campesinos provocaba que se hablara de la problemática agraria algunos días. Como actualmente priva la contienda electoral, ello no ha motivado reacciones de ningún aspirante a gobernar Guatemala, tampoco les ha incentivado la denuncia de las irregularidades con respecto a los registros inmobiliarios de terrenos, donde familias campesinas fueron desalojadas supuestamente por apropiarse de tierras de una empresa que legalmente está respaldada. Ambos hechos son sólo un ejemplo del panorama que priva en las áreas rurales, donde los autoritarios de siempre mantienen su ley.

Finqueros siguen subvencionando sus equipos de seguridad, los cuales -entre sus funciones- se cuenta la ejecución de ataques armados contra quienes les mandan sus patrones; así sucedió el 10 de agosto frente a la finca Paraná, ubicada en el Valle del Polochic. Grandes terratenientes, con el amparo de funcionarios corruptos, continúan acaparando tierras de manera fraudulenta; ello se empieza a rebelar con el reporte de la desaparición de registros inmobiliarios de terrenos donde se ubica el ingenio Chabil Utzaj.

Desde que escribo acerca de la problemática agraria, las organizaciones rurales han denunciado hasta el cansancio las arbitrariedades de finqueros y sus guardianes que con toda impunidad han intimidado y agredido a comunidades campesinas e indígenas (Izabal, Alta y Baja Verapaz, etc.), asimismo el despojo de sus tierras o el desalojo de terrenos nacionales o municipales con el pretexto de que son propiedad privada. La regla ha sido darle la razón a los poderosos, no hay registro de juicio alguno contra los responsables de dichas agresiones e ilícitos. Los recuentos giran sólo alrededor del número de conflictos.

Según los registros de la Secretaría de Asuntos Agrarios existen mil 360 casos de disputa de tierras, número similar al reportado en administraciones pasadas, y probablemente serán los mismos datos que se den a conocer el próximo año en tanto siga postergada la problemática agraria y rural, en la que sobresalen las desigualdades sociales y la impunidad. Los asesinatos de campesinas y campesinos siguen esperando justicia; ninguna institución estatal persigue a los responsables de desalojos de comunidades indígenas que se han realizado en propiedades de dudosa procedencia.

 Los delincuentes que han robado pertenencias y quemado casas y alimentos son perdonados de hecho, igual los agresores de mujeres a quienes han violado; todos estos delitos ocurridos en acciones de desalojo o como mecanismo de intimidación. Hasta cuándo se empezará a atender la problemática agraria.

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Dictaduras Tropicales

Anamaría Cofiño K.

(12 de agosto 2011)

Quienes anuncian el endurecimiento del control y recurren a la represión ponen en riesgo la paz.

Los dictadores místicos, ungidos desde el más allá, han sido comunes en el folclor regional. Uno de los ejemplos vivientes más patéticos es Daniel Ortega, quien ha montado un aparato para perpetuarse como gobernante a como dé lugar, con la supuesta bendición celestial. Managua es el escaparate de la insensatez oficial, donde la confusión ha hecho presa de amplios sectores sociales.

Sandino se ha de revolcar en su tumba al ver la publicidad que promueve al presidente como cristiano y socialista, con arbolitos de luces de colores y otras paparruchadas. No quitan maña los hombres que dirigen estos países como si fueran sus propiedades: repiten los mismos gestos, reinciden en volver por los mismos métodos e incurren en delitos similares. Todo lo cual los lleva a finales parecidos, entre la decadencia y el desprecio popular. El problema es que, desde su posición de poder desmedido, provocan retrocesos históricos y dejan a los países en situaciones de pobreza y división social. Las dictaduras, sean del sello que sean, significan reducción de la democracia y por tanto, de los derechos humanos. El resultado puede ser explosivo. En Guatemala, desgraciadamente, tenemos amplia experiencia en materia de dictaduras y tiranías.

Más de la mitad de nuestra vida republicana ha estado signada por caciquismos sostenidos con las armas y la violencia.

Eso ha impedido que desarrollemos un sentido colectivo de ciudadanía, como sujetos conscientes e independientes, y nos ha convertido en pueblos confrontados, donde la desconfianza mutua se constituye en sentimiento extendido. La ausencia de solidaridad separa a la gente y el miedo nos desmoviliza. Un aspecto positivo de estas situaciones es que la indignación y el rechazo a las imposiciones son una chispa iniciadora de la rebeldía que lleva al derrocamiento de sistemas férreos, generalmente sanguinarios. Los tiranos suelen tener una trayectoria personal y política que se puede seguir desde sus orígenes.

Hay dictadores en ciernes en los jóvenes que se adscriben a instituciones militares u organizaciones jerárquicas, donde se estimula el abuso y la prepotencia; el machismo en la edad adulta es otro síntoma. Posicionarse en el mando del Estado es el último paso que les posibilita ejercer un poder omnímodo. La anterior reflexión surge a partir de las previsiones que se están haciendo sobre el futuro próximo, en el que puede entronizarse un gobierno centrado en el autoritarismo y el uso de la fuerza militar para manterner un orden de silencio y sumisión.

Sabidos de lo que puede suceder, tenemos en nuestras manos el poder de cuestionar directa y abiertamente las propuestas que nos plantean, fiscalizar los actos y decisiones de quienes se erigen en autoridades, y oponernos frontalmente a lo que consideramos injusto y arbitrario. Ante unas elecciones que parecen abrirle el camino legal a otra dictadura, nuestra responsabilidad es impedir que el pasado se vuelva a repetir.

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Qué se puede esperar de quien miente

Rosalinda Hernández Alarcón

(06 de agosto)

En esta campaña electoral, decir mentiras es una práctica común. 

Negar el genocidio en Guatemala y afirmar que el Plan Militar Victoria 82 fue para rescatar a la población son dos planteamientos que denotan falta de ética y descalificación total a los testimonios de quienes vivieron en carne propia los horrores de la guerra. Asegurar que el Victoria 82 rescató a la gente manipulada por la guerrilla, es faltar a la verdad. Esto no solamente quedó demostrado en el Informe de la Comisión Esclarecimiento Histórico, aunque lo descalifique Otto Pérez (uno de los fundadores de la escuela contrainsurgente kaibil), sino con muchos otros testimonios de sobrevivientes que fueron obligados a vivir en esos campos de concentración, que eufemísticamente llamaron aldeas modelo.

En el área ixil el ejército instaló 17, donde implantó un régimen militar y control total de la vida de la población indígena a la que obligaba a realizar trabajos forzados y olvidar sus prácticas socioculturales. Para tener una dimensión más clara acerca de esas supuestas aldeas modelo, hay que conocer los relatos de quienes fueron obligadas a estar ahí, entre ellas, las personas que integraban las 450 familias que concentraron en Acul, procedentes de 17 comunidades.

Qué veracidad se le puede otorgar al llamado de justicia que hace dicho candidato presidencial, si justifica las masacres repitiendo la añeja falacia que las personas masacradas en el área ixil eran guerrilleros. Si tuviera una aspiración de búsqueda de la verdad, el político de mano dura tendría que reconocer que las víctimas de la guerra en su mayoría fueron personas de todas las edades no combatientes, lo que hicieron los agents del Estado bajo el argumento de que las comunidades indígenas eran su enemigo interno y por tanto el blanco para sus ataques contrainsurgentes. Otro argumento importante, que Pérez seguramente también descalificará, es la reciente resolución de la Audiencia Nacional de Madrid, en la que se afirma que entre 1979 y 1986, las mujeres mayas en Guatemala sufrieron violencia de género por parte de agentes del Estado, que fue planificada desde el entrenamiento militar, en el cual las agresiones sexuales se constituían en una práctica habitual, siendo incluso ordenada por los mandos superiores

El propósito de tal violencia de carácter sexual tenía como fines mediatos la demostración y ejercicio de poder como parte de una estrategia de terror, definiendo así quién dominaba y quién debía subordinase (&) los hechos referidos quedan integrados en los delitos señalados de genocidio, torturas y lesa humanidad. Mucho podrá mentir el político, pero lo cierto es que al considerarlas botín de guerra miles de mujeres indígenas fueron violadas y sufrieron agresiones sexuales como parte del genocidio ocurrido en Guatemala. Sólo si se castigan estos delitos se puede hablar de justicia.

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Acabar con la impunidad reclamo general

Rosalinda Hernández Alarcón

(23 de julio 2011) 

La aplicación de la justicia pasa irremediablemente por la depuración del OJ.

Considerarse infalible es sin duda una manifestación de prepotencia. Ejercer un cargo público sin aceptar la crítica o las imputaciones por deficiencias es igual una muestra de autoritarismo. Con base en ambas afirmaciones, vale la pena analizar las reacciones contra la CICIG que lanzó la Asociación de Jueces y Magistrados recientemente, ya que abre el espacio del debate público para ubicar qué instituciones y cuáles directivos entienden como parte de sus responsabilidades la verificación de su actuación o simplemente rechazan de manera tajante cualquier cuestionamiento, sobre todo cuando los sujetos a evaluar forman parte del aparato de justicia en un país donde la impunidad se reconoce como una problemática nacional.

La evaluación de resultados por función otorgada es válida evidentemente no sólo para administradores de justicia, pero como algunos se han sentido ofendidos cuando les hacen evidente sus debilidades o bien les plantean la necesidad de depuración y mejoramiento de su trabajo, entonces hay que recordarles que ningún funcionario público puede estar exento de la crítica. En esa línea de rescatar la validez del análisis crítico y de las acciones contra la impunidad, recuerdo algunas declaraciones de varios candidatos que han dado a una emisora radial en estos días: su rechazo contundente a la CICIG, su sesgo empresarial para la aplicación de la justicia y su nula capacidad de auto-crítica.

Todas estas posiciones están distantes de la aspiración de acabar con la impunidad, y al mismo tiempo son ajenas a las prácticas verdaderamente democráticas. A través de múltiples mecanismos se está promoviendo una falsa idea: la seguridad sólo se logra con mano dura, y con esa consigna aspirantes a gobernar Guatemala hacen promesas falaces de garantizar la paz con fuerza pública. Existen ejemplos, no sólo en este país sino en otros, donde la intervención desmedida de las fuerzas de seguridad, militares o policíacas, ha generado más violencia y muertes. Terminar con la inseguridad también implica acabar con la impunidad, así como con la prepotencia y el autoritarismo de funcionarios que se creen infalibles o ajenos a cualquier verificación de su desempeño público.

Desmantelar cualquier vínculo entre poderes públicos corruptos y los grupos paralelos es otra de las tareas que difícilmente se logrará a través de los recursos armamentistas, ya que éstos se utilizan con poder de fuego desmedido cuando ambos se enfrentan en la disputa de territorios, y que tantas víctimas inocentes han causado, a las que ahora nombran daños colaterales. La mano dura no garantiza la paz, la aplicación de la justicia ni erradicar el crimen organizado, la narco-actividad globalizada ni el feminicidio, que siguen causando tanto dolor a amplios conglomerados de la sociedad guatemalteca.

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Familia, religión, estado

Anamaría Cofiño K.

(16 de julio 2011)

El foro de candidatos a la presidencia convocado por la Conferencia Episcopal ha sido una de las perlas del momento, caracterizado por posicionamientos ultramontanos que nos regresan a tiempos en los que la razón y la ciencia eran satanizadas. Además, centrado en los temas que desvelan a curas y laicos apegados a la tradición más conservadora de la iglesia: la homosexualidad, el aborto, la planificación familiar. Al leer lo que han planteado, sentimos que hablan desde un mundo imaginario. Para ellas y ellos, no hay padres abusivos que violan a sus hijas, parejas que provocan embarazos no deseados y traen al mundo criaturas desprotegidas; tampoco ven la falta de responsabilidad de los hombres que tienen familias sólo para recibir servicios, sin aportar nada a cambio.

Ignoran que en este país hay altos porcentajes de familias conformadas por comunidades de mujeres que asumen toda la carga de trabajo, afecto y cuidado que la crianza implica. Sería bueno saber a qué familias se refieren, porque el modelo triangular conformado por el padre como autoridad máxima y proveedor, la madre y los hijos como subalternos dependientes, está en extinción. Una mirada a nuestro vecindario -e inclusive a sus propias familias- lo comprueba: adicciones y problemas psicológicos por falta de tiempo, atención y cariño, pleitos por herencias, infidelidades ocultas, enfermedades de transmisión sexual, embarazos infantiles, migraciones, violencia y un largo etcétera. Da la impresión de que estos contendientes por el poder ignoran que existe una gama de formas alternativas de agruparse para la vida, el acompañamiento y la sobrevivencia, que dan mejores resultados en términos de la búsqueda de bienestar común.

Quienes aspiran a dirigirnos deberían ser ciudadanos con una trayectoria transparente, mínimos conocimientos de la realidad y con propuestas para la solución de los graves problemas que nos aquejan. Las posturas de rechazo frente a la homosexualidad rayan en lo absurdo, aparte de que permiten ver el grado de intolerancia que ostentan. Ver la homosexualidad como una aberración o como una anormalidad es reproducir un modelo de sociedad basado en la dominación masculina, donde no caben la diversidad y la variedad. Es olvidar que la humanidad está conformada por personas distintas, cuyas identidades están permeadas por culturas, orígenes y opciones que le dan un inmenso abanico de coloraturas. Es pretender que el amor se limite a una sola forma de expresión, condenando las demás como perversiones.

Todo ello desde la hipocresía más patética que encubre las verdades con un manto de falso moralismo. Las religiones y los estados han utilizado a la familia patriarcal como una estructura de control sobre los cuerpos de las mujeres. La imposición de la maternidad, la explotación de su fuerza de trabajo, la heterosexualidad obligatoria son mecanismos que buscan perpetuar un sistema que sólo se sostiene por la violencia. No extraña que así se expresen quienes representan a la derecha más conservadora. Está claro de qué pata cojean.

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Cuidado con la opción militarista.

Rosalinda Hernández Alarcón

(9 de julio 2011)

En Guatemala un candidato quiere imitar la guerra del presidente de México.

Varios hechos van mostrando qué le espera a Guatemala si Otto Pérez Molina llega a ocupar la presidencia de la República. Vale la pena sintetizarlos para su consideración, sobre todo para quienes convocan a realizar un análisis inteligente para elegir o a votar de manera consciente. El general retirado, quien además perteneció al grupo elite Kaibil, promete pagar a los ex patrulleros paramilitares.

Esta medida, al considerar válida la indemnización para personas que sirvieron al ejército voluntaria u obligadamente, tiene un mensaje de grandes dimensiones, ya que refuerza en el imaginario la validez de una de las acciones contrainsurgentes que tantas violaciones al derecho a la vida causó en Guatemala durante la guerra. Y que están plenamente comprobadas gracias a varias investigaciones que se están dando a conocer. Este ofrecimiento de campaña ya lo han hecho otros candidatos como gancho para obtener votos, aunque no cumplieron su promesa. Igual Pérez puede dar su palabra y no pagar cuando sea presidente.

Lo que interesa resaltar en este espacio es que avalar la figura de las patrullas de autodefensa civil (PAC) tiene un carácter simbólico de imposición, control, miedo, terror, represión, falta de libertad: en síntesis mano dura. Además, el candidato anaranjado del llamado Partido Patriota anuncia casi seguro de su triunfo, ya que así lo predice la mayoría de encuestas, que aumentará de manera significativa los presupuestos para el ejército y la policía como medidas para garantizar la seguridad.

Tal posición, similar a la del presidente de México, Felipe Calderón, ha demostrado su fracaso para acabar con el tráfico de personas, de drogas y de armas; asimismo, ha evidenciado cómo las mafias han invadido las instituciones públicas y se ha convertido en un mecanismo para reprimir a los movimientos sociales. De ahí la pregunta: qué tan cierto puede ser que la sociedad guatemalteca viva segura y tranquila, si cuenta con un ejército numeroso y bien equipado, con fuerzas de tarea militarizadas y policías especializadas, como lo anuncia Pérez.

Eso significa una copia de la guerra de Calderón, que es la misma de Estados Unidos, donde residen quienes están haciendo jugosas ganancias con la venta y trasiego de armamento de todo tipo. La realidad en México es clara, la inseguridad va en aumento, la violencia afecta a la ciudadanía, el terror se ha instalado. Por último, cabe señalar la actuación de uno de los guardaespaldas de la familia Pérez, quien demuestra una prepotencia inaudita, ya que utilizó su arma, incluso sin amenaza de seguridad alguna.

Quien se atreve a disparar a un policía de tránsito desarmado muestra el tipo de entrenamiento que ha recibido, ajeno a la convivencia social, a la seguridad democrática y al respeto incluso de normas referidas a un lugar dónde estacionar un auto. El guardaespaldas está prófugo, y el agente de 26 años entre la vida y la muerte. Hay que tomar con cuenta que los hechos señalados forman parte de una posición militarista, de mano dura, y no de paz ni para fortalecer la democracia.

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Otra fiesta democrática

Anamaría Cofiño K.

(2 de julio de 2011)

Este domingo, la voluntad popular se va a hacer escuchar de nuevo en una consulta, ahora en Nueva Santa Rosa, en el suroriente del país. Con éste son más de cincuenta procesos democráticos de esta índole en los que ha participado al menos un millón de personas de diferentes departamentos para expresar su opinión en torno a asuntos que les afectan directamente. A partir de experiencias anteriores, el resultado es previsible: un no rotundo a las empresas que invaden sus territorios para explotarlos sin escrúpulos.

Esta manera colectiva de organizarse, como ciudadanía, no en torno a partidos sin planteamientos explícitos y con estructuras autoritarias, es un rasgo contemporáneo de las luchas sociales. Los problemas y deseos compartidos unifican a la gente para resolverlos a su manera, es decir, desde las necesidades sentidas en sus comunidadees. No es simple este procedimiento, porque lleva tiempo y esfuerzos, pero quizás es más genuino y democrático.

Quienes participan en una consulta lo hacen desde la convicción de defender a sus familias, su vida. No comprados ni obligados. Esta es una consulta de vecinos, basada en el código municipal, para decidir sobre el proyecto minero que la empresa Tahoe Resources pretende levantar para extraer plata en un área ubicada en la zona de recarga hídrica de la laguna de Ayarza, el quinto cuerpo de agua dulce del país. Esta operación afectaría al río de Los Esclavos que recorre varios municipios y luego va a dar al mar. En Mataquescuintla, Fraijantes y San Carlos Alzatate también han manifestado su interés en consultar a la población acerca de estos planes mineros que les pueden ocasionar problemas por la misma fuente. Votan los vecinos con cédula y la pregunta es si aceptan o no la operación de minería química y de metales.

El Consejo Diocesano para la defensa de la naturaleza, integrado por vecinos del municipio, mestizos y representantes del pueblo Xinka, es una de las organizaciones clave que ha impulsado y apoyado que se lleven a cabo manifestaciones pacíficas en defensa de la naturaleza y las personas. Monseñor Bernabé Sagastume y los párrocos de diferentes municipios han estado apoyando activamente, del lado de mujeres, hombres y niños que no vacilan en juntarse para impedir que su dignidad sea pisoteada.

 No se necesita ser extremista para oponerse a la minería, es cuestión de sentido común y respeto impedir que el negocio sucio de unos destruya la riqueza natural donde habitan cientos de personas que aman su tierra y la trabajan. ¿Quién aceptaría gustoso que un vecino le envenenara el agua, además de botarle sus árboles y construir una fábrica en medio del jardín?

El próximo fin de semana hay otra consulta, en Santa Rosa de Lima, en el mismo departamento. Y no son las únicas. El espíritu de la resistencia se ha contagiado y la gente ya no quiere permitir más abusos. Bien harían en poner atención los poderosos a este gesto común de rechazo por parte de las mayorías que, a fin de cuentas son las que debieran decidir.

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Perseverancia que tiene resultados

Rosalinda Hernández Alarcón 

(25 de junio 2011)

Hay que valorar la constancia en la lucha contra la impunidad.

Las mujeres y hombres que integran la Asociación de Justicia y Reconciliación con su paciencia estoica y capacidad organizativa están dando una lección al mundo. Por primera vez en la historia, se ha abierto el juicio por el delito de genocidio en el mismo país donde se masacró a un grupo étnico. Si bien otros genocidas, muy pocos según relatan varios historiadores, fueron juzgados, ello ocurrió en otro continente o fuera del lugar de origen de tales criminales.

Dado que priva una desesperanza hacia la posibilidad de transformaciones significativas, hay que hacer explícito el reconocimiento hacia todas aquellas personas perseverantes que demandan castigo a los responsables de los planes contrainsurgentes.

 Es importante considerar que antes de llegar al juicio contra el general retirado Héctor López, mujeres y hombres tuvieron que sortear muchos tropiezos como los amparos, se les presentó infinidad de complicaciones desde que iniciaron su lucha, además les significó superar el miedo y el terror, así como múltiples sufrimientos al presentar sus testimonios y recolectar pruebas.

 ¿Tienen idea de todo lo que han tenido que atravesar las víctimas para ver los primeros resultados? No sólo fueron los once años que duraron los trámites desde que presentaron la demanda judicial, sino todo el tiempo atrás mientras duró la guerra, se firmó la paz y construyeron los expedientes que fundamentan la prisión de uno de los genocidas de la población ixil.

También es importante tener en cuenta que el implicado cuando planificó, ordenó y dio seguimiento a los planes racistas de exterminio de comunidades indígenas era un hombre fuerte, sin limitantes, como bien describe mi querida colega Iduvina Hernández, era un jefe del Estado Mayor en plenitud con temperamento estable, mente fría y calculadora. No el anciano que se muestra como el pobre octogenario objeto de la venganza o la revancha, apreciación falaz. Si se individualiza tanto tiempo después la responsabilidad de ese militar, se debe al encubrimiento de sus correligionarios castrenses. Así que no causa ninguna compasión, se podría haber juzgado estando en mejores condiciones de salud si la administración de justicia no enfrentara tantas murallas.

Se ha iniciado con mucha expectación el juicio contra uno de quienes comandó  el genocidio en Guatemala, que se concreta en el asesinato de más de 300 personas, entre ellas, mujeres que previo a quitarles la vida las ultrajaron sexualmente. Sin duda es un paso, teniendo presente que hay otros responsables, entre ellos el también veterano militar Efraín Ríos Montt, y otros más que si bien no son señalados como autores intelectuales, según el Plan de Operaciones Sofía, aparecen involucrados kaibiles y paracaidistas, como por ejemplo el igualmente general retirado Otto Pérez Molina.

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Que lo saquen

Ana Cofiño

(16 de junio de 2011)

Si todavía le queda algo de dignidad y respeto por sí mismo, Jacques Sneider debe renunciar a su espacio en este periódico, sea cual sea su relación con el mismo. La empresa tiene que pedirle su salida como resultado de una decisión ética de un medio de comunicación que dice ser profesional y serio. La opinión pública ya se manifestó con un rechazo generalizado a este tipo de escritos mediocres cuyo contenido es deleznable. Y el resto de columnistas,

¡¡Cerremos filas para exigir que salga del diario toda persona que haga apología de la violencia, sea en el tono que sea!!

Esta acción podría ser un paso hacia delante en el camino hacia la democratización de esta sociedad enferma, y marcaría un hito en la historia del periodismo en Guatemala. Inmensa alegría ha provocado la respuesta de más de 150 personas que opinaron en contra de mensajes como el que Sneider envió en su columna del martes. Esta reacción enérgica y numerosa es señal de que avanzamos, aunque sea a paso lento, en la lucha contra la discriminación. Al menos ya hay conciencia de que la violencia contra las mujeres es un mal que nos afecta a todos como sociedad. También es síntoma de que parte de la ciudadanía no está dispuesta a tolerar más abusos, aunque vengan maquillados de idiotez.

Es satisfactorio ver que el trabajo de sensibilización, información y movilización que las feministas hemos hecho por años al fin ha permeado a más personas. El odio y el temor hacia las mujeres, la misoginia, se reproduce a través de imágenes, palabras, gestos, sonidos, silencios. Hay maneras explícitas y encubiertas de ofender que buscan penetrar el inconsciente e implantarse como ideas incuestionables. La publicidad es un vehículo a través del cual se multiplican los prejuicios y se incita a determinadas actitudes. Por eso hemos dicho que es necesario revisar lo que se nos dice y cómo, para revelar mensajes que ocultan ataques.

Los chistes son una de las maneras más comúnmente utilizadas para insultar, propiciar acciones agresivas y para seguir repitiendo los valores machistas, racistas y clasistas que están en la base de la cultura dominante. Por eso aunque nos cueste- es necesario romper los hábitos represivos de silencio y censura y manifestarnos ante cualquiera que pretenda violar nuestros derechos, sea el finquero, el que ocupa un cargo público, la pareja, el maestro o quien sea.

De igual forma, es necesario dejar de reproducir imágenes y expresiones que denigren a las personas por cualquier característica física, cultural o de clase. Si queremos que este país se convierta en uno donde prevalezcan los valores democráticos, es fundamental que rechacemos categóricamente todo lo que atente contra nuestra dignidad, empezando desde lo personal. Una manera de ponerle fin a la violencia es acabar con la cultura que la promueve. El Periódico tendría que actuar en consecuencia.

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Polochic: sigue corriendo sangre

Rosalinda Hernández Alarcón

(10 de junio 2011)

El olvido y el silencio alientan la impunidad

Convencida que traer a cuenta hechos sucedidos es una práctica que puede traer consigo la verdad y la justicia, vuelvo a escribir acerca del Polochic, donde hace una semana fue asesinada Margarita Chub Che.

¿Quién era ella? Una campesina qeqchi, madre de una niña de 11 años y un niño de 8, una trabajadora del campo, quien además de participar como represente de su comunidad, realizaba las tareas propias de quien vive en una zona de Guatemala donde las mujeres carecen de oportunidades y los quehaceres domésticos son más pesados, además era comadrona y activista en el centro de salud de Paraná, en Alta Verapaz.

Margarita tenía 37 años, era reconocida como una lideresa que defendía los derechos de las mujeres, su vivienda está a la par de la casa del patrón de la finca San José. Era de noche y hacía mucho calor, relata su esposo Mateo Caal Xo. Ella salió a la pila, mientras él la esperaba dentro de casa, sólo pasaron unos minutos cuando de repente escuchó los plomazos. Él salió corriendo y encontró el cuerpo sangrando sin vida, a la orilla de la pila, en su cabeza salía sangre, explica entre sollozos, al tiempo que demanda busquen a los abusivos, yo no los vi, pero unos vecinos dicen que iban en motocicleta.

El asesinato de Margarita Chub Ché no es algo fortuito, quien o quienes dispararon sabían bien hacía dirigían las balas. Su objetivo era quitar de la acción a una mujer valiente y decidida, ejemplo para quienes deciden hacer algo a fin de mejorar su forma de vida en el Polochic, de ahí que su muerte busque -más allá de segarle la vida- aniquilar un símbolo de lucha. Así encontrarán eco, aquellos mensajes que una vez más se lanzan para inhibir la organización comunitaria y, en especial, la participación de las mujeres indígenas, como por ejemplo: es mejor no participar, porque es peligroso. El mismo enunciado que se diseminó en los años de la guerra contrainsurgente en este país.

Conocer lo que está sucediendo en el Polochic es fundamental porque están involucradas instituciones del Estado y de la iniciativa privada, hay que revertir la inercia que se presenta tras la denuncia de desalojos, persecuciones, agresiones y asesinatos. El silencio y vacío informativo tienen su objetivo: desdibujar no sólo a los responsables directos e indirectos de la represión sino exacerbar el desprestigio de la lucha social en esa zona campesina, donde el hambre aumenta. Tal criminalización igual fue utilizada durante décadas en Guatemala, y que gracias al Informe Del silencio a la memoria, revelaciones del Archivo Histórico de la Policía Nacional hoy existen pruebas con valor jurídico para esclarecer cómo esa fuerza de seguridad violó los derechos humanos de integrantes del movimiento popular reivindicativo durante décadas.

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¿Por qué los mataron?

Anamaría Cofiño

(4 de junio 2011)

¿Quiénes son los asesinos de miles de personas que cayeron víctimas de las políticas terroristas de Estado? 

En 1980 los medios informaban cada día sobre crímenes políticos de alto impacto. Desde la quema de la embajada de España a finales de enero, el ambiente era cada vez más violento. Lucas García y personajes sanguinarios como Donaldo Álvarez encabezaban la política  de exterminio cuyo objetivo fue descabezar al movimiento social que impulsaba las transformaciones truncadas con la invasión anticomunista del 54.

Hace treinta y un años, los licenciados Edna Ibarra Escobedo y Carlos Figueroa Castro fueron ametrallados en su automóvil a plena luz del día seis de junio por miembros de los comandos especializados que salían de cacería, a eliminar personas cuyas ideas eran una amenaza para el sistema. Doña Edna, madre de los cuatro hijos de la pareja, era reconocida por su labor como maestra y psicóloga infantil. Don Carlos, Chalas, había atendido como psicólogo a muchos jóvenes de esa generación rebelde que luchó por la libertad. Su participación en el movimiento revolucionario ya los había expulsado al exilio, y su militancia política fue la causa del cobarde crimen y la persecusión implacable hacia sus allegados. Sus nombres, como los de cientos de ciudadanos, habían aparecido en las listas de grupos armados como el Ojo por ojo, que enviaba telegramas, coronas de flores y amenazas directas como medios de intimidación.

Pasado el tiempo, y ante la impunidad que impera, el sentimiento de indignación vuelve a surgir con fuerza. No únicamente por la falta de esclarecimiento de los crímenes del pasado, sino peor aún, frente a la vigencia de idénticas políticas violentas utilizadas por los mismos grupos de poder que sostienen el orden dominante. Indigna que los motivos que siempre han llevado a exigir transformaciones no sólo continúen, sino que se agraven. Las demandas sociales que promovieron los revolucionarios de los ochenta se relacionan con las aún existentes condiciones que han colocado en la miseria a la mayoría de la población. Las propuestas para intentar formas de vida democrática siguen vivas en quienes no nos conformamos con ver el país irse a pique.

El terrorismo de Estado que dejó  huellas profundas en varias generaciones, no logró aplacar el deseo por cambiar este sistema irracional, depredador y asesino. Pese a sus amenazas permanentes, el derecho a vivir con dignidad nos mueve a seguir cuestionando y señalando a quienes históricamente han explotado bienes y personas para su sólo beneficio, recurriendo a la violencia como mecanismo de sometimiento y control.

El recuerdo y la memoria son aliados de la resistencia. Es por ello que la lucha contra el olvido se une al repudio ante los crímenes que el Estado tolera de parte de quienes siempre han manejado al país como finca privada. Un sentido y solidario homenaje a familiares, amistades y sobrevivientes que luchan por la justicia y la dignidad. (Antigua, sábado 4 de junio de 2011). 

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Es tiempo de cambiar las reglas

Rosalinda Hernández Alarcón

(28 de mayo)

El sistema político actual no garantiza cambios importantes. 

Las voces de protesta por la situación actual en Guatemala se están multiplicando. Algunas inculpan a ciertas instituciones, otras se centran en funcionarios y unas más sintetizan toda su indignación, afirmando que hay un narco-Estado. Quizás es necesario ubicar con mayor contundencia qué implicaciones tiene el modelo actual y su sistema político para que el terror, la muerte y la pobreza, junto a la acumulación de poder y dinero para unos cuantos, vayan en aumento, y no se vean posibilidades de revertirlos por más que haya elecciones y se intensifiquen los llamados a votar.

La situación muestra pormenores de las estructuras de poder que existen en determinadas zonas del país, las cuales siguen comandadas por los autoritarios de siempre. Con poder económico y armamento continúan implantando un control territorial, ya que sólo así logran mantener sus puentes para el narcotráfico, trata de personas, contrabando y robos, así como para producir materias primas de manera extensiva bajo la lógica del lucro.

En este marco se entienden los nuevos hechos violentos ocurridos en Panzós, Alta Verapaz, donde hace unas semanas se realizaron 14 desalojos y donde un campesino perdió la vida y decenas de familias la posibilidad de alimento diario. Cuando sujetos armados al servicio de finqueros atacan a gente campesina con tanta impunidad, es porque actúan como dueños de un territorio, potestad que han usurpado, y además atenta a toda norma de legalidad.

Hay que aumentar el volumen a las voces de repudio por el asesinato de Oscar Reyes y las heridas de gravedad ocasionadas a cinco campesinos más. De igual manera se precisa resaltar que en el Valle del Polochic las estructuras de poder están al servicio de los intereses de la empresa Chabil Utzaj y de otros grandes terratenientes, lo que implica invisibilizar las demandas de la población campesina a la que incluso se le niega su derecho a la vida. Esa misma lógica se sigue en otros territorios, donde las comunidades se oponen a la explotación minera, pero las estructuras de poder que sirven a las transnacionales no les importa los estragos que puedan causar a la vida de las personas y de la naturaleza, su fin es la extracción de metales para acumular capital.

Los desalojos de fincas, el asedio a las luchas campesinas, los casos de femicidio con tanta saña, los asesinatos de fiscales y defensores de derechos humanos, la proliferación de armas, la multiplicidad de actividades vinculadas al crimen organizado; todo ello, forma parte de un todo. Y entonces, se escuchan otras reflexiones, todavía en voz baja, ¿para qué avalar este sistema político que llama a elecciones, si es el mismo que tolera a los arbitrarios de siempre?

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Sexo y política

Anamaría Cofiño

(20 de mayo 2011)

Los políticos deben decir qué piensan hacer con la brasa candente del feminicidio.

Quienes controlan la información, manejan las ideas y las emociones de las multitudes, las inducen a pensar y sentir de determinadas maneras, casi obligándolas a creer que lo que les dicen es la verdad. La neutralidad y la ética que esgrimen no es más que una máscara para cubrir su evidente defensa del sistema y la cultura que lo sustenta, que son racistas, patriarcales y conservadores.

La sexualidad, entendida como un aspecto fundamental en las vidas de las personas, se manipula en los medios de comunicación con la misma falta de escrúpulos y siguiendo los mismos esquemas con que nos transmiten las noticias: se la presenta como un fenómeno aislado que hay que tratar con pinzas y se la vende como cualquier mercancía. Todavía hay demasiados prejuicios e ignorancia, y la influencia religiosa sigue oponiéndose a que se hable sobre ello, haciendo de la práctica sexual un asunto pecaminoso. Lo que predomina es un doble rasero moral que se aplica a mujeres y hombres de manera desigual.

Veamos la política: los grandes señores, los más poderosos del mundo, como el exdirector del Fondo Monetario Internacional y no pocos curas, se conducen como bestias hambrientas e intentan apoderarse de los cuerpos de las mujeres, no importa dónde ni cómo. El Terminator engaña a su esposa, engendra un hijo con la empleada y la prensa lo muestra como uno más que cumple con su rol de macho omnipotente. Mujeres y niñas son vendidas, violadas y torturadas y los medios olvidan intencionalmente decir que eso sucede cada minuto, que es un un negocio sucio que enriquece a unos cuántos, y que afecta negativamente a millones de seres en el mundo. Políticos como los que están en el Congreso, se niegan a asumir este problema social y se instalan en la impunidad.

En Guatemala la violencia sexual es cotidiana y frecuente. En los buses, las escuelas, los espacios públicos, las mujeres corren el riesgo de padecer ataques; en las familias son sometidas para que su sexualidad quede subyugada bajo la bota masculina. Las imágenes que nos transmiten los medios asocian sexo con violencia, en un truco que soslaya la perversidad. Allí está el origen de las violencias e injusticias. ¿Cómo puede desarrollarse sana y felizmente una persona que desde pequeña es sometida por la fuerza a que su cuerpo sea maltratado?

Mujeres y hombres tienen temor a mostrar sus debilidades, inquietudes y dolores. En silencio y con hipocresía se digiere la amargura de cargar con relaciones poco gozosas o inclusive violentas. Es necesario abrir el debate sobre la sexualidad, no sólo para descubrir su lado obscuro y triste, sino para liberarla y hacer del erotismo un poder que transforme radicalmente tanto odio y terror.

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Sin paridad hay discriminación

Rosalinda Hernández Alarcón

(Mayo 2011)

¿Se han puesto a pensar por qué la mayoría de diputados se oponen a las medidas que promuevan de manera significativa la incursión de mujeres en el Congreso de la República? No es por desinformación ni por falta de iniciativas, es porque se oponen a la paridad en la representación. En español a ello se le llama: actitud misógina (desprecio por lo femenino).

Se podría decir que quizás las tres propuestas de ley presentadas por varias organizaciones de mujeres y diputadas no han sido de la satisfacción de quienes mayoritariamente han integrado diferentes legislaturas, pero ninguno de ellos ha lanzado otra propuesta. Tampoco en -al menos desde que se aprobó la actual Constitución de la República que reconoce la igualdad entre mujeres y hombres- se ha formado una corriente capaz de cambiar las reglas en el sistema político que revierta la supremacía masculina en el Organismo Legislativo, que ahora es superior al 87 por ciento. Predominio que igual se reproduce en otros espacios de la sociedad.

Los diagnósticos que muestran la disparidad en el Congreso se han hecho de manera reiterada, sin embargo, quienes podrían legislan han optado por hacer oídos sordos, pero eso no es imparcialidad, es una clara tendencia que alienta el machismo en una de las instituciones de representación política. Hay que hacer críticas más directas: los diputados están favoreciendo las relaciones de dominio del poder masculino. ¿Cómo calificar que los políticos digan apoyar la promoción de las mujeres, si en un lapso de 22 años (1986-2008) las curules femeninas aumentaron de siete a 19, del total de 158? Entorpecer las iniciativas que buscan la paridad además de demostrar actitudes misóginas viola claramente ordenamientos nacionales e internacionales.

Ya es tiempo de señalar qué significa la inacción y displicencia de la mayoría de diputados con respecto a la búsqueda de paridad. Claro que eso no se acostumbra en el quehacer parlamentario bajo la premisa de que se perderían posibles aliados. Lo cierto es que con lenguaje diplomático o señalamientos superfluos tampoco se han logrado cambios legislativos para avalar la representatividad equitativa de mujeres y hombres.

Así como van las cosas en esta campaña, por los primeros nombres que figuran en las candidaturas, todo parece indicar que el número de mujeres al Congreso quizás suba algunos puntos porcentuales. Tomando en cuenta el incremento hasta ahora alcanzado, habría que esperar cuando menos 12 procesos electorales para llegar a la paridad, es decir, casi 50 años& Entonces, ¿son o no misóginos?

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Los deseos de nuestro cuerpo

Anamaría Cofiño

(Abril 2011)

Este es el título del libro de la doctora Emma Chirix, de San Juan Comalapa, Chimaltenango, quien con esta obra abre una puerta al conocimiento de la realidad que vivimos. Se trata de su tesis para obtener el grado de maestría en Sociología, investigación que fue realizada en su natal Chixot, con base en entrevistas con mujeres y hombres que le transmitieron sus experiencias e ideas en torno a la sexualidad, aspecto fundamental de nuestras vidas que se ha silenciado deliberadamente, provocando culpas, confusiones y fenómenos desafortunados para la sociedad guatemalteca. Emma Chirix nos aclara que la sexualidad es una necesidad humana que brota por todas partes, y afirma que el objetivo de su estudio es esclarecer cómo se ha construido socialmente; con él busca dotarnos de un instrumento transformador para humanizar la sexualidad, para abrir los ojos y los corazones a un tema prohibido.

El hecho de enfocarse en una comunidad maya de la cual ella forma parte, es novedoso en antropología. Si a eso le sumamos su interés por el erotismo, por la configuración de la sexualidad según si se es mujer u hombre, el valor del libro aumenta, puesto que en Guatemala se ha hecho un abordaje limitado a la salud y la reproducción. Al relacionar el poder con la sexualidad, se dejan al descubierto una serie de inequidades, mecanismos de manipulación, de intercambios perversos que configuran una práctica frecuentemente violenta. La sexualidad para muchísimas mujeres es una obligación conyugal desagradable que, además, conlleva riesgos como los embarazos no deseados o el contagio de enfermedades. Es raro que hablemos de las sensaciones que de nuestra sexualidad emanan. Entre la pena y la risa, se logra averiguar cómo la viven las personas, qué esperan de ella y qué quisieran saber.

Esta investigación saca a luz las maneras distintas en que mujeres y hombres kaqchikeles se iniciaron y ejercieron su sexualidad. Desde la educación diferenciada que pasa por la familia y la escuela, hasta las creencias religiosas y la cultura dominante, hay una serie de patrones que se imponen para establecer las normas que modelan conductas, sentimientos y prácticas. La sexualidad en Guatemala es uno de los problemas sociales más ocultos y negados. Si se hiciera una examen serio a profundidad, saldrían a luz múltiples facetas que revelan la descomposición y la injusticia que predominan.

Revisar en clave de sexualidad los discursos de los candidatos a cargos públicos sería hacer un cuestionamiento visceral. Preguntarles qué opinan de la homosexualidad, qué harían con la planificación familiar, indagar sobre las políticas relacionadas con este derecho inalienable a disfrutar del cuerpo podría posibilitarnos conocer los planteamientos políticos desde una perspectiva integral. Ru raybäl ri qachakul se va a presentar el 12 de mayo en el Paraninfo de la USAC, a las cuatro de la tarde. Ediciones del Pensativo se complace en publicar su primer título después del incendio que la consumió hace un año.

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Por nuevas relaciones políticas

Rosalinda Hernández Alarcón

(Abril 2011)

La autonomía y la auto-determinación contravienen los autoritarismos de siempre.

Reglamentar las consultas comunitarias con enfoques que ignoran las identidades indígenas busca inhibir los resultados que estas prácticas ciudadanas tienen en decenas de municipios de Guatemala. La intencionalidad es desarticular cualquier resistencia social que contenga experiencias nuevas en la toma de decisiones, las cuales lleven implícito desactivar mecanismos racistas y machistas. Desgraciadamente el Relator de Derechos de los Pueblos Indígenas de Naciones Unidas la desconoce, de ahí la importancia de hacerla explícita.

Los funcionarios del Sistema Nacional de Diálogo Permanente, que dicen querer debatir la iniciativa gubernamental artículo por artículo con agrupaciones sociales, demuestran su falta de compromiso para garantizar los derechos humanos colectivos, en especial de los pueblos indígenas, ya que sus pláticas se rigen bajo el supuesto de que el interés nacional es la inversión extranjera, de tal manera que dialogan con el fin de impedir que las consultas comunitarias se conviertan en un veto ciudadano para las grandes empresas transnacionales.

A pesar del lenguaje engañoso que utilizan los réferis del diálogo, develan su parcialidad, ya que en las mesas de conversaciones han demostrado su intención de desactivar el poder de las ciudadanas y ciudadanos críticos con el objetivo de garantizar el desarrollo de la agricultura extensiva para exportación, de la industria minera y extractiva, así como de la construcción de megaproyectos para favorecer el mercado, por poner algunos ejemplos. Al querer reglamentar las consultas comunitarias, se demuestra una vez más cómo la parte gubernamental avala a su antojo la legalidad, ya que si fuera cierto su respeto a la ley sin distingo de clase, etnia o género, entonces ya hubiera asumido las resoluciones de organismos internacionales, entre ellos, las de la OIT referidas al reconocimiento de las consultas a los pueblos y a llenar vacíos sobre la problemática agraria, las vinculadas a la seguridad alimentaria y la suspensión de operaciones de una mina contaminante.

Han transcurrido ya más de cinco años desde que iniciaron las consultas comunitarias, suman más de 40, y seguirán realizándose en tanto los tentáculos de la iniciativa privada insistan en explotar los recursos naturales a costa de la vida e identidad de las personas, del agua, los bosques, las montañas, etc.

Para explicar la dimensión que están teniendo las consultas recupero lo escrito por Alba Cecilia Mérida, quien conocedora de su impacto, sostiene que éstas representan una posibilidad para construir relaciones políticas entre las mujeres y con los hombres. Hemos alzado la mano para decir NO a las transnacionales, también tenemos derecho a mantenerla alzada para demandarle a los hombres, en general y en particular a los compañeros de lucha: que así como hemos declarado territorios libre de minería, nos acompañen en la lucha por la defensa de nuestros derechos.

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El pasado en el presente

Anamaría Cofiño

(9 de abril de 2011)

Cita con la verdad en el Palacio Nacional de la Cultura a las 6 de la tarde.

Gracias al trabajo de un grupo de jóvenes entusiastas, tenemos ahora la oportunidad de mirar una serie de documentales que nos muestran el lado oscuro de la realidad y que permiten que salga a luz pública lo que se ha querido ocultar. La Muestra de Cine Internacional Memoria Verdad Justicia trae un material que tiene mucho sentido ver hoy, básicamente para contar con elementos de juicio y formarnos criterios políticos. Una trilogía realizada por el finlandés Mikael Wahlforss es quizá el plato fuerte para nosotros, puesto que presenta los sucesos violentos de los años ochenta en Guatemala. Ensueños blindados trata sobre una familia poderosa y su forma de vida, imágenes que contrastan con la miseria que predominaba y que hoy sigue reproduciéndose infamemente.

La desigualdad, como dice un personaje de otro documental, Stalag Guatemala, es violencia. Y eso no es necesario verlo en una pantalla, salta a la vista e indigna a cualquiera que no se haya acomodado con esa situación. Un tercero, Titular de hoy: Guatemala, pone de manifiesto el papel de los periodistas y los medios de comunicación en su oficio de informar al público, labor que aquí se ha vuelto manipulación que sataniza la rebeldía y encubre los crímenes contra la población. En este documental podemos ver escenas de soldados dando entrevistas en las que explican cómo torturan a los prisioneros, cómo reducen las aldeas y qué armamento es el más efectivo para combatirlos. En este deleznable papel aparece el actual candidato a la presidencia Otto Pérez Molina, en Quiché, donde se desempeñó en la lucha contrainsurgente y aprendió como joven militar a aplicar con rigor la mano dura que hoy nos ofrece como programa de gobierno.

En esa entrevista se evidencia el apoyo que dieron Estados Unidos e Israel a esa guerra asquerosa que cobró miles de vidas inocentes, con mayor énfasis en la población indígena. La vigencia de estos documentales se confirma con lo que está sucediendo aquí hoy: el desalojo violento de los campesinos de las fincas del Polochic nos remite automáticamente a las políticas de tierra arrasada que se aplicaron contra poblaciones inermes a las que se le incendian viviendas, objetos, siembras y cosechas.

 Los métodos utilizados por las fuerzas del orden, la desigualdad abismal entre los dueños de las empresas y los trabajadores, así como la superioridad en poder, armas y recursos son similares. Parece que nada hubiera cambiado, porque hasta los mismos personajes siguen allí. Hace poco un escritor decía que el más grande error de los japoneses había sido permitir que se construyeran proyectos nucleares, pese a tener la experiencia de las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima. Esto nos remite a pensar que todavía estamos a tiempo de no caer en la misma falta, al permitir que el pasado vuelva al presente en Guatemala.

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Hay que hablar más del Polochic

Rosalinda Hernández Alarcón

(Abril 2011)

Derecho de respuesta a dos comunicados gubernamentales

Las fuerzas de seguridad están siendo agraviadas a través de una campaña nacional e internacional. Esta aseveración se ha escuchado un sin fin de veces. Se me hace difícil creer que ese mismo discurso lo utilice el Gobierno de la República de Guatemala para referirse a los 12 desalojos en el Polochic; dando así una mirada sesgada de la realidad. Los señalamientos que responsabilizan a las mujeres y hombres organizados e integrantes de grupos acompañantes de los hechos de violencia ocurridos a raíz de las ocupaciones de tierra o tomas de carretera (formas de presión social), han sido reiterados en este país, y propios de gobiernos finqueros y portavoces de las cámaras del empresariado.

Claro, si las personas jodidas en el campo estuvieran resignadas, aplaudiendo una política de desarrollo rural que carece de presupuesto, agradeciendo una ley que está congelada, aguardando calladitas que un empleo fijo les caiga del cielo, no serían calificadas de intransigentes y violentas. Los mismos argumentos que utilizó el ahora ex presidente Óscar Berger después del desalojo de Nueva Linda, son emitidas por Álvaro Colom.

Esas interpretaciones son unilaterales porque niegan el contexto de este país centroamericano: la historia de despojos de tierra que han sufrido las comunidades indígenas, de ignominias que padecieron las familias de mozos colonos, de segregación que viven varias generaciones. Tales argumentos supuestamente valoran la legalidad, ese eufemismo que ha avalado a patrones para no pagar sus obligaciones laborales de ley, que ha tolerado la evasión de impuestos, que ha fomentado la corrupción en todas las esferas del Estado, que ha permitido la acción de jueces inescrupulosos y acciones contrainsurgentes, que ha dado vía libre a los guardias armados de los finqueros; en suma, que ha generado pobreza y exclusión, así como una discriminación y desigualdad inauditas en el campo guatemalteco.

Si las acciones ciudadanas como mesas de diálogo o marchas sin interrumpir el tránsito resolvieran las añejas demandas campesinas, lógicamente las ocupaciones u otras formas de protesta estarían ausentes del escenario nacional. Si ha tenido lugar una muerte violenta durante un desalojo, cabe de inmediato el esclarecimiento de los hechos, no la inculpación de los mismos ocupantes por no dejar pasar una ambulancia.

Es como si se repitiera esa asquerosa mentira: eres responsable de tu propia muerte por ser comunista o revoltoso, eres responsable de las heridas recibidas por haber participado en una protesta social, eres responsable de haber sido violada porque formaste parte de ese grupo que luchaba por su derecho a la tierra, eres responsable de estar huérfana por tener un padre que estaba durante un desalojo&

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Rogelia, Nora, Alaíde, Yolanda, Haydeé, Myrna, Adelina, Irma, Aura Marina...

Anamaría Cofiño

(26 de marzo 2011)

No cabe duda que las guatemaltecas estamos más visibles.

La lista es larga, son nombres de mujeres que se atrevieron a trasponer los estrechos límites que esta sociedad retrógrada nos ha impuesto por la fuerza. Aquí, las que se rebelan contra las obligaciones del deber ser, son mal vistas y calificadas como ligeras, por no decir otras groserías. Quien se resiste a obedecer los mandatos patriarcales, recibe castigo. Así que ser rebelde de corazón, perder el miedo a la libertad, es una hazaña, un logro que nos llena de orgullo. Si revisamos el pasado, encontramos abuelas, tías, maestras que abrieron brecha en este sentido, yendo más allá de las prohibiciones. Y en el presente, encontramos cada vez más compañeras autónomas, dueñas de sí.

 Mujeres que ejercen su derecho a ser felices. Hoy que hemos empezado a recuperar la historia de las mujeres en Guatemala, podemos no solo conocer sus nombres y datos biográficos, sino lo que pensaron, quisieron e hicieron, con quiénes y cómo. Documentar e interpretar nuestro pasado requiere de rigor y una elaboración cuidadosa, además, es tarea que implica inclusive lo personal. Tener hoy la oportunidad de leer y escuchar los testimonios de las que se involucraron en la política desde los años cincuenta es también una responsabilidad de seguir fortaleciendo lo alcanzado y bregando por lo que queda pendiente.

Es necesario asumir que si ahora podemos estudiar, trabajar y participar, es gracias a quienes antes dieron los primeros pasos. El miércoles pasado el Gobierno rindió un homenaje póstumo a la memoria de Rogelia Cruz Martínez, comprometida con la resistencia urbana en los años sesenta. Días antes, había pedido perdón por la participación del Estado en el crimen contra la combatiente Nora Paiz. Esta mañana el Diario de Centroamérica menciona a Yolanda Urízar, abogada laboralista, defensora de organizaciones sindicales, desaparecida hace 28 años, en 1983. Rogelia Cruz se ha convertido en icono de la mujer rebelde.

Quienes la reconocemos como ancestra política, por transgresora y valiente, al igual que a las otras compañeras lo hacemos con el convencimiento de que estamos cambiando la sociedad desde sus raíces, lenta, pero seguramente. Estudiar los caminos que hemos transitado para llegar hasta aquí es una necesidad sentida, un vacío por llenar. Es buena noticia decir que hoy en Europa se publica un libro sobre su vida, escrito por una ex belemita que la conoció en la infancia.

No cabe duda que actualmente las guatemaltecas estamos más visibles y que nuestras iniciativas se van concretando. Los resultados están a la vista, aunque a veces sean simbólicos. Cuando nombramos y reconocemos a otras mujeres, nos estamos conformando como una comunidad que tiene un lugar en la Historia. Allí radica la importancia de dignificar nuestra memoria colectiva. Las candidatas y aspirantes a puestos en el próximo Gobierno tendrían que cobrar conciencia de que ellas pueden estar allí, porque las feministas han impulsado transformaciones que nos favorecen a todas.

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Sangre en el Polochic

Rosalinda Hernández Alarcón

(Marzo 2011)

Continúa la contra-reforma agraria con métodos contra-insurgentes.

Hablar de un muerto, varios heridos y del desalojo de nueve comunidades qeqchies pareciera un hecho sin mayor trascendencia, porque sólo se trata de los efectos en la aplicación de una orden judicial en Alta Verapaz. Así lo interpretan finqueros y funcionarios inescrupulosos que anteponen la defensa de la propiedad privada sobre la vida; ello sin importar que las familias afectadas, a las que les quemaron viviendas y alimentos, denuncien que las fuerzas de seguridad pública y privada las han reprimido con los mismos métodos que se usaron cuando la guerra. Hay que tomar en cuenta algunos antecedentes en esa región originaria del pueblo qeqchi, al que se le ha discriminado y negado un buen vivir, a pesar de que durante décadas ha seguido procesos de lucha en defensa de sus derechos y dignidad. Esta zona además ha sido seleccionada por algunos empresarios para obtener importantes dividendos a través de la producción de agro-combustibles.

 Estas dos miradas se encuentran en unas mismas tierras fértiles y desde ahí el Estado sirve sólo a los intereses de una parte. Esto lo afirmo al conocer detalles de estos desalojos u otros ocurridos en años anteriores a través de testimonios de mujeres y hombres, quienes defienden su derecho a la alimentación y a la tierra, por sobre el lucro que hacen los grandes empresarios mediante la explotación de monocultivos. Los desalojos ocurridos en estos últimos días en el Valle Polochic ponen en evidencia una vez más cómo en Guatemala se legitima como acción de Estado la usurpación de tierras por parte de familias influyentes, cuyo poder les permite mangonear recursos legales, así como pagar abogados, pistoleros y funcionarios públicos; mientras asigna la categoría de criminales a quienes luchan por la tierra para sobrevivir, ya que la institucionalidad les ha negado todos sus derechos.

El impacto de estos desalojos es la ratificación de un modelo que desdeña la producción de alimentos por sobre la agro-industria, ya que la primera no permite grandes utilidades y la segunda asegura el aumento significativo de capitales. Está claro que los empresarios Widmann en Alta Verapaz cuentan con el respaldo del Estado guatemalteco, mismo que también está protegiendo los intereses del banco que financiará la producción extensiva de palma africana. Este modelo sin justicia social es el mismo que aplican empresarios en otras partes del mundo, aquel que prioriza el capital por sobre la vida humana y la naturaleza. Los Widmann son igual que otros a quienes les tiene sin cuidado el hambre de tantas personas, mantienen cualquier industria sin importar los estragos que provoque, y que ahora se tienen que tragar algunas promesas cuando avalaron la producción de energía nuclear como eje de desarrollo.

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Por la defensa del agua y el territorio

Anamaría Cofiño

(12 de marzo 2011)

San Rafael Las Flores lucha por su medio ambiente.

Si vemos el mapa de Guatemala con los puntos señalados para la explotación minera, nos da la sensación de que están convirtiendo nuestro territorio en un campo minado donde van a quedar muy escasas áreas reservadas para que la vida humana se reproduzca en armonía con la naturaleza. En el municipio de San Rafael Las Flores, del departamento de Santa Rosa, se organizó la semana pasada una actividad masiva en la que familias enteras de la región se reunieron en espíritu pacífico para manifestar su oposición a la implantación de una empresa minera en su vecindad.

Mujeres, niñas y jóvenes, adultas y ancianas, hombres, niños y abuelos de distintas condiciones, unidos por el amor a su tierra, caminaron para depositar flores en el lugar donde la empresa Minera San Rafael, de la canadiense Tahoe Resources, se ha propuesto extraer minerales para su exportación y enriquecimiento. Entre las informaciones que se pudo obtener entre las personas, y a partir del estudio de impacto ambiental aprobado por el Ministerio de Ambiente, hoy sabemos que se pretende excavar 40 pozos de los que se van a extraer enormes cantidades de material rocoso, procedimiento que en sí ya altera el frágil equilibrio ecológico que existe.

La gente decía que su territorio es pobre, pero que es suyo; que la presencia de la empresa pone en riesgo el futuro de la niñez y a las comunidades que hoy las habitan, no solo por el deterioro y la contaminación, sino por aspectos de índole social que pueden confrontar a las comunidades. La experiencia ha demostrado que el dinero que se invierte en estas empresas no contribuye a la igualdad, sino que agudiza las desigualdades. Lo que se argumentaba durante la caminata es que la operación no les traería beneficios, sino más bien amenazas y riesgos. Y se fundamentan en su derecho a una vida digna para que no se les imponga por la fuerza proyectos de estas dimensiones, sin siquiera consultarles, y menos considerar cuáles son sus necesidades y demandas.

Las mujeres que participaron en esta actividad fueron tajantes al expresar su rechazo: no queremos minería porque eso pone en riesgo nuestras fuentes de agua, y las primeras afectadas somos nosotras, quienes tenemos que salir en busca del agua para nuestras familias. Además, la presencia de guardias armados es intimidatoria y son fundados los temores de la violencia que esto pueda generar.

El cuidado y preservación de la naturaleza es hoy una de las demandas más sentidas en la sociedad guatemalteca. Casi se podría afirmar que es una demanda política central, neurálgica para la sobrevivencia. Ya son cientos de miles de personas que en todos lados nos manifestamos en contra de la explotación y destrucción de la naturaleza. ¿Cuál es la parte del no rotundo que los grupos poderosos no entienden?

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Una contribución a la ciudadana plena

Rosalinda Hernández Alarcón

(Marzo 2011)

A tres días de la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres, comparto con ustedes la alegría de festejar nuestro aniversario número 13 de la publicación laCuerda, única en su tipo en Guatemala, que distribuye 20 mil ejemplares en casi una tercera parte de los municipios del país. En estos años hemos logrado difundir variadas miradas feministas, propuestas concretas y sueños a futuro; así también puntos de vista e informaciones de la situación de desigualdad que viven las mujeres y otros temas de interés nacional.

La permanencia de laCuerda es muy importante, si se toma en cuenta que la agenda periodística tradicional mantiene sub-representadas a las mujeres (sólo las ve en la efeméride del 8 de marzo, como víctimas y amas de casa). Para nosotras, la existencia de una publicación de carácter feminista es un logro que sin duda contribuye a la democratización de los medios. Al considerar que predomina la ideología machista en todos los espacios, otro aporte de laCuerda es que en este lapso ha contrarrestado estereotipos y aclarado confusiones, contribuyendo así al libre acceso a la información y la libertad de expresión.

Lectoras y lectores han ido descubriendo claves feministas que buscan relaciones sin autoritarismos ni discriminación. Ello significa que más allá de defender los derechos humanos de las mujeres, incluyen a todas las personas y los ámbitos de la vida. Me encanta escuchar ahora a gente joven, que claramente sabe que el feminismo reivindica que las estructuras familiares estén exentas de relaciones de subordinación y opresión, que existan condiciones para que las personas nos movilicemos a todas partes sin miedo, se evite el daño a la naturaleza, se erradique el racismo y el militarismo, además se modifiquen las lógicas económicas que generan pobreza. Años atrás con el propósito de desacreditar otras visiones del mundo -sin recato alguno-, había voces que aseguraban que las feministas atentaban contra la familia y representaban lo contrario al machismo.

Ahora quien comenta tal tergiversación, encuentra con mayor frecuencia quien lo corrija, independientemente que sea o no a fin al feminismo. Lo importante en los análisis críticos, es partir de considerandos verdaderos y no anteponer estereotipos, sólo así se enriquecen los debates. Nuestra experiencia a través del ejercicio del periodismo feminista y la aceptación que hemos recibido por parte de nuestro público lector, que incluye a personas de todas edades, nos respalda para seguir, en el entendido que laCuerda aporta a la construcción de ciudadanía plena, que en clave feminista, significa democracia en la cama, casa, calle, comunidad, sociedad, planeta. * La fiesta de aniversario será en la Bodeguita del Centro (12 avenida 3-20, zona 1), el día ocho de marzo a partir de las cinco de la tarde. ¡Acompáñennos!

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Significado de un estado de sitio en Guatemala

Rosalinda Hernández Alarcón

(Febrero 2011)

Luego del anuncio de la finalización del estado de sitio en Alta Verapaz, cabe hacer algunas reflexiones que trasciendan el decomiso de armamento reportado por las fuerzas de seguridad, porque durante los meses en los que fue implantado, agrupaciones indígenas qeqchi denunciaron agresiones contra mujeres y hombres organizados en la región del Polochic. Si bien la persecución y castigo a quienes forman parte del crimen organizado, que trafica con drogas y personas, es una demanda válida, cuando en un periodo de estado de sitio suceden agresiones y asesinatos de personas organizadas no es cualquier cosa.

En Guatemala cobra otra dimensión, ya que en su historia las fuerzas represivas -amparadas en la consigna de seguridad nacional- cometieron innumerables hechos de violencia contra miles de personas de todas las edades en diferentes regiones del país. En Alta Verapaz en 1978 el ejército masacró a mujeres y hombres campesinos que luchaban por sus demandas. En la región donde se ubica este departamento, comunidades campesinas han sido objeto de desalojos violentos por parte de las fuerzas de seguridad, las cuales han contado con el apoyo de finqueros y políticos corruptos. Asimismo, se han denunciado casos en los que elementos paramilitares o de las fuerzas de seguridad han violado a mujeres como una forma para amedrentar e inhibir la organización social, antes y durante las ocupaciones de tierra.

Con base en tan dramáticos sucesos, el establecimiento de un estado de sitio irremediablemente hace recordar aquéllas épocas de represión y muerte, sobre todo cuando se conoce del secuestro y asesinato de Catalina Mucú Maas, Sebastián Xuc Coc y Alberto Coc Caal, todos qeqchies. Algunas feministas, quienes vivieron el conflicto armado interno, al condenar los hechos descritos, señalan que esta situación les ha hecho recordar los casos de violaciones sexuales contra mujeres ocurridas durante la guerra y los que siguen sucediendo en tiempos de post-conflicto. Exigen: ¡No más violencia en nuestros cuerpos ni en nuestros territorios!

Por su parte, la Agrupación Actoras de Cambio convoca al II Festival Regional por la Memoria con mujeres sobrevivientes de crímenes sexuales en el conflicto armado (del 24 al 27 de febrero en Chimaltenango), quienes afirman que su memoria corporal colectiva puede procurarles la energía para erradicar la violación sexual y construir colectivamente condiciones de paz, de justicia, dignidad, alegría y libertad para nosotras. Continuar nombrando y denunciando los hechos de violencia contra las mujeres seguirá siendo necesario. Hay que poner en el centro a los agresores, ya que ahora sólo se conocen a algunas víctimas pero rara vez a los victimarios, cuyos rostros se han ocultado, silenciado sus agresiones y otorgado una vestidura de impunidad.

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800 mil veces no

Anamaría Cofiño

(26 de febrero de 2011)

Las consultas populares han servido para darle cabida a las voces que por siglos han sido silenciadas; a través de este mecanismo hasta las niñas intervienen, ejerciendo así su ciudadanía. Son la respuesta a una sociedad excluyente que sigue dándole la espalda a las grandes mayorías que expresan su opinión de manera pacífica y legal. La democracia respalda estos procesos, no importa que estén reconocidos o reglamentados. El derecho a participar en la toma de decisiones habilita a las comunidades para buscar las vías para hacerlo.

Cuando el presidente Colom dice que no se pueden hacer consultas a diestra y siniestra, no esgrime argumentos, solo reacciona ante el avance de un movimiento vital que tiene como objetivo defender los territorios. Trata de taponar las salidas al descontento y reafirma la actitud cerril de la oligarquía que se niega a escuchar a la población.

El Gobierno busca cómo detener un proceso que ha agarrado fuerza y contribuido a empoderar y juntar a quienes han sido históricamente sojuzgados. Incumpliendo su mandato, se liga a los grupos inescrupulosos que están depredando lo poco que nos queda.

Es condenable y altamente peligroso que columnistas de los medios estén propalando opiniones que califican a las organizaciones populares como terroristas, alentando de manera irresponsable la violencia institucional y la de grupos con poder que, a punta de fuego, quieren adueñarse del país, para sacarle hasta las últimas reservas de vida. Es poco ético que desde estos espacios se ignoren deliberadamente las causas que han llevado a la gente a organizarse para detener la voracidad de empresas nacionales y extranjeras que, bajo la bandera de invertir en el desarrollo, vienen a explotar y destruir estas tierras, sin que los pueblos reciban ningún beneficio.

Da vergüenza ajena leer a quienes todavía dicen que los pueblos son manipulados por agentes internacionales; su menosprecio hacia los pobres es patente, y muestra los niveles de racismo que todavía predominan. Integrantes de los distintos movimientos sociales coinciden en la necesidad urgente de defender los territorios, y las feministas estamos de acuerdo, pero agregando que nuestros cuerpos también deben ser considerados como territorios en disputa, que es igualmente necesario defender. Dialogar en torno a nuestras vidas cotidianas, a la violencia, la organización de las familias, la sexualidad, amplía el horizonte de las demandas, aunque muchos se sientan incómodos con la exigencia de emprender transformaciones de fondo, desde lo personal e íntimo.

Nosotras insistimos en que separar y jerarquizar las luchas es un error político. Cerca de un millón de personas en el país estamos diciendo que no queremos minería, ni que contaminen y privaticen el agua o que deforesten nuestras montañas. No se trata de un capricho, sino del acto más valiente y lúcido que hoy se puede emprender: defender a la Madre Tierra, impedir que el capitalismo mate a la naturaleza, y con ella, a la humanidad.

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Aumento salarial y trabajo femenino

Rosalinda Hernández Alarcón

(Enero 2011)

El minúsculo incremento al salario mínimo no llegará a la mayoría de guatemaltecas.

Históricamente la burguesía aquí como en cualquier país se ha opuesto a cualquier medida que signifique mejorar el ingreso de las personas trabajadoras. Su reacción reiterada es rechazar cualquier incremento salarial, así ha ocurrido recientemente en Guatemala. Del otro lado, los líderes sindicales se alegran de cualquier aumento por insuficiente que sea. Lo que me interesa destacar es que unos y otros no ven a las mujeres.

El aumento establecido por decreto, mismo que no alcanza ni los 30 dólares mensuales, difícilmente llegará a las guatemaltecas, dado que la mayoría de la población económicamente activa femenina carece de empleo formal. Según algunas estadísticas oficiales, ocho de cada diez mujeres trabajadoras se encuentran en esta situación de desventaja; la cual se agudiza porque al pertenecer al llamado sector informal; asimismo están excluidas de las prestaciones laborales como seguridad social, vacaciones, aguinaldo, bono 14, etcétera.

Los amplios conglomerados de guatemaltecas que realizan trabajo doméstico o en talleres informales, que son artesanas o se vinculan al comercio y otros servicios, además se enfrentarán a los aumentos de precios en comestibles, transporte, ropa, etcétera. Ello significa que estas trabajadoras no sólo estarán excluidas del minúsculo aumento salarial sino sus ingresos se verán mermados con la voracidad de empresarios y comerciantes.

Las trabajadoras formales seguramente recibirán un aumento, aunque algunas perderán su fuente de empleo, ya que los patrones justificarán los despidos para poder cumplir con los nuevos salarios mínimos. Los capataces o supervisores ejercerán su capacidad de maniobra para influir a quién sacar de las planillas, mientras los empledores impondrán mayores cargas de trabajo.

Para conocer más acerca de las trabajadoras de maquilas y agroindustrias, un estudio realizado por Médicos del Mundo demuestra que la mayoría de mujeres consultadas tiene menos de 30 años de edad y les exigieron como requisito no estar embarazadas. En las maquilas textiles alrededor del 81% cuenta con contrato de trabajo por escrito, mientras que en la agro-industria sólo lo tienen el 36 por ciento. Tal irregularidad abre la posibilidad para que una de cada cuatro no reciba aguinaldo ni bono 14.

Es importante hacer evidente este panorama, ya que siguen predominando las miradas que ignoran a las mujeres. Abordar la problemática de los salarios mínimos, pasa necesariamente por analizar qué medidas establecer a fin de que todas las trabajadoras cuenten con seguridad social y otras prestaciones. Negarles tales derechos las coloca en situación de mayor desventaja, ello sin olvidar que en Guatemala existe una brecha de género importante en los ingresos: ellas ganan aproximadamente 40 centavos por cada quetzal que perciben los hombres.

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Desarrollo que mata

Ana Cofiño

(5 de febrero 2011)

Es un crimen poner nuestros ríos en peligro de extinción.

Estuve tomando fotos en la zanja donde están instalando una gran tubería para conducir las aguas negras de varios poblados hacia el río Guacalate, en el camino a Ciudad Vieja. Dicho proyecto, a cargo de la municipalidad de Antigua, constituye un atentado ambiental, puesto que no toma en cuenta las precauciones universalmente recomendadas. ¡No están construyendo una planta de tratamiento, y aunque se sabe que eso significa un daño de proporciones graves, se ha dejado para después! El razonamiento es que si de todas maneras ya la caca cae al río, qué más da seguir haciéndolo.

En esos días salió publicada la noticia de la agonía del río Huixta en Huehuetenango, el cual ha mermado en su caudal y calidad del agua, por la basura, café, linaza y otros desperdicios que se le derraman, provocando alarma entre los vecinos que temen por su salud y la de sus hijos. Laguna Campana de Oro en Chiquimula ya se convirtió en pantano. En Suchitepéquez el riachuelo Xeleká desapareció por tanta basura que le depositaron. Y así, día a día van muriendo las fuentes de vida para comunidades enteras. Salir a recorrer el país y ver los ríos se convierte en un funeral: los que no han desaparecido o muerto, están todos llenos de basura y desechos químicos, huelen mal y sumergirse en ellos es impensable. El placer de bañarse en aguas prístinas o disfrutar sus playas quedó en el pasado, gracias a la falta de conciencia y a los abusos que cometen empresarios, finqueros, funcionarios e individuos. Especialistas afirman que el 90 por ciento de nuestros ríos está contaminado.

Desgraciadamente, y no por casualidad, carecemos de estudios disponibles que nos informen sobre ello, quizá para ocultar una realidad que se ha desbordado. Utilizar los ríos como vertederos de basura, la deforestación de las cuencas y nacimientos, el desvío para el riego o las industrias, la minería particularmente, y la construcción en sus orillas, son fenómenos que deberían considerarse ya como delitos ambientales, y ser penados por la ley.

La oposición a las grandes hidroeléctricas que muchos manifestamos, pública y pacíficamente a través de los medios de comunicación y en consultas populares, no es un capricho ni una manipulación comunista. La ciudadanía ya está consciente de las amenazas que conllevan: el represado a gran escala causa que el flujo del río se altere, que cambie la química de las aguas y por lo mismo, su cantidad y calidad declinen. Las mujeres sabemos que sin agua, la vida se acaba. Por lo mismo, exigimos que los proyectos que prometen el espejismo del desarrollo, vayan de acuerdo con las necesidades de las comunidades y su entorno, sin ponerlas en peligro ni bajo amenaza. La prioridad en la política debe ser, sin duda, la recuperación y protección de los bienes naturales y el beneficio para todas las personas.

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Las ruquitas

Anamaría Cofiño

(Enero 2011)

Desde hace unas semanas está  viviendo con nosotros en casa una señora de 87 años que es mi madre, la gran lectora de la que he hablado antes. Su presencia ha detonado una serie de reflexiones colectivas tan entretenidas, que hoy se las voy a compartir porque no hay que olvidar que para allá vamos todos, irrevocablemente. Ancianas, viejas, de la tercera edad, como quieran que les digamos, las personas mayores de ochenta entran en la categoría de las grandes ligas, por el tiempo que han vivido. A muchas, ya nada les asombra porque han visto de cerca y de lejos el amor, la muerte, la continuidad y las rupturas. Otras son temerosas, se encierran y viven aferradas a un pasado de ilusión. Las abuelas cibernéticas, las budistas y tibetanas, las parranderas, las trabajadoras son quizá, las que mejor la llevan, siempre al ritmo de los tiempos, aprovechando lo que la vida ofrece. Cuando pienso en estas señoras dignas, no puedo evitar evocar a doña Julita Urrutia, maestra que inspira y estimula para seguir el camino de la madurez, siempre vitalmente. Valgan estas letras por la admiración y el cariño que le tenemos.

Pues bien, entre quienes rascamos los sesenta, muchos estamos en las mismas, cuidando madres y padres de casi noventa. Hay toda una cultura que yo desconocía, un saber común de cómo entender y atenderles, cómo compartir esa parte final de sus vidas, que frecuentemente nos toca a las mujeres, quizá por aquello de los ciclos de la vida o porque obedecemos mandatos ancestrales.

Pienso que es una manera de retribuir el cuidado y el afecto recibido en la infancia, y de retornar a la matriz desde fuera, en una relación de poder distinta. Me explico: en la madre, nuestra primordial formadora, están las raíces de nuestras creencias, de nuestras maneras de amar y entender el mundo. Fueron ellas o sus sustitutas quienes nos dieron la palabra. Así que tener cerca a la madre en la adultez nos permite espejearnos, vernos en ella como la otra, aunque similar. Llega un punto en que parece que somos nosotras las madres de las ruquitas.

En el caso de las guatemaltecas, asumir el cuidado de las ancianas ha sido tarea de las nueras o hijas. Los hombres generalmente se han hecho la brocha, con honrosas excepciones, que cada día suman más. Conozco familias en las que a la señora mayor se le dedica tiempo, energía, bienestar, en un reparto equitativo, como una tradición incuestionable. Entre las culturas mesoamericanas las ancianas son concebidas como seres de sabiduría y se les respeta y escucha.

El consejo más escuchado es tener paciencia. Y una se pregunta ¿de dónde la saco, cómo me la trabajo? La respuesta sólo está dentro, es una decisión y un esfuerzo que puede o no estar acompañado del amor, aunque éste ayuda enormemente.

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Diálogos de sordos

Rosalinda Hernández Alarcón

(Enero 2011)

Dialogar es comunicar, es trascender el hablar y escuchar.

La rendición de cuentas de funcionarios públicos, entendida como el reporte de acciones realizadas y sus resultados, forma parte del ejercicio de derechos democráticos siempre y cuando la información proporcionada se ajuste a la verdad y las personas interlocutoras tengan capacidad de escucha, de crítica (evitando la descalificación) y de diálogo. Esta práctica dista mucho de lo ocurrido en la presentación del III Informe Presidencial ante el Congreso de Guatemala.

Una vez finalizado el discurso del mandatario Álvaro Colom, las primeras reacciones de diputadas y diputados se centraron en comentarios repetitivos, que han utilizado para manifestar su apoyo u oposición al partido gobernante, de tal manera que dejaron entrever cuán poco escucharon el informe. Podrían haber hecho un esfuerzo los opositores para responder críticamente al reporte con argumentos. En la rendición de cuentas también tienen una responsabilidad quienes fiscalizan la actuación de los gobernantes. Con respecto al mensaje presidencial, es preciso señalar que contiene algunas informaciones alejadas de la realidad. Por falta de espacio, sólo me referiré a la defensa que hizo del Sistema Nacional de Diálogo, en tanto sus acciones no han contribuido a resolver problemas nacionales ni locales, como afirmó.

Si bien es cierto, como expresó el presidente de Guatemala, el diálogo y la justicia son elementos claves para garantizar la gobernabilidad, el informe tendría que haber dado cuenta que las mesas establecidas no lograron resultados para la población rural ni para los pueblos indígenas, que han denunciado la falta de solución a sus demandas.

A decir de delegadas y delegados que han formado parte de mesas de diálogo, tales instancias han servido para desmovilizar a las organizaciones sociales, sus conclusiones no tienen carácter vinculante, son espacios de entretención e incapaces de crear condiciones equitativas y justas, ya que predominan las relaciones de poder capitalista, patriarcal y racista.

Algunas instancias, como la Secretaría de Asuntos Agrarios, han tenido una acción muy limitada para resolver incluso problemas concretos. Prueba de ello es que en esta administración se ha recurrido a los desalojos, como igual se hizo en gobiernos anteriores sin mesas de diálogo. Otro tropiezo ha sido la disposición del Ejecutivo de crear varios espacios para atender la conflictividad, diluyendo así los mandatos de unas instancias sobre otras, ambas encargadas de la solución de conflictos.

El resultado de los diálogos gubernamentales es que las cosas sigan igual, como ha sucedido por ejemplo en las mesas de discusión entre finqueros y campesinos o entre trabajadores y la parte patronal. De ahí las pocas perspectivas que se le ven al espacio anunciado para hacer propuestas socioeconómicas entre la cúpula empresarial y algunos sindicalistas.

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